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Barca sin remos

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Por: Jaime Castillo Copado

El bullying y las ratificaciones de mandato

Así como los termómetros en el verano de Jalisco incrementaron el registro de la temperatura ambiente, también se calentaron los ánimos de cara al proceso político electoral del 2018, en que habrá de registrarse el cambio de gobierno a nivel federal y estatal, y en algunos casos donde no se registren reelecciones, a nivel municipal.

El campanazo de la nota lo dieron desde la capital del estado los dos políticos más influyentes del momento, Jorge Aristóteles Sandoval, el gobernador y, Enrique Alfaro Ramírez, presidente municipal de Guadalajara, refiriéndose al proceso de ratificación de mandato que tendrá verificación en los municipios gobernados por Movimiento Ciudadano en todo Jalisco.

Fue el propio gobernador Aristóteles Sandoval quien prendió la mecha del pleito cuando se refirió a la organización de dicho proceso como un recurso politiquero, pues textualmente dijo: “Siempre he destacado que la forma de organización ciudadana es fundamental para fortalecer la participación, la inclusión y sobre todo la democracia en nuestro Estado, pero cuando nace de la autoridad pues me parece que más bien es una medida ‘politiquera’ para poder tener difusión, propaganda, previo al próximo proceso”, (Notisistema 25 de Julio).

Viendo los toros desde la barrera, podría pensarse que el gobernador no tenía necesidad de enfrascarse en un pleito más con el alcalde de Guadalajara, Enrique Alfaro, fundamentalmente por varias razones: la primera, debido a que sea cual sea su opinión la ratificación de mandato se va a realizar.

Hay que recordar que para los gobiernos de Movimiento Ciudadano las ratificaciones de mandato no son procesos de ahorita, sino que vienen ya propuestos desde que el grupo político más cercano a Enrique Alfaro lo impulsó como medida de evaluación a su paso por el gobierno de Tlajomulco, en la Zona Metropolitana de Guadalajara. Es decir, así como que oportunista no es la medida.
Acusar a los gobiernos que sí van a realizar la ratificación de mandato, se parece a los casos de bullying entre los jóvenes rijosos que están en edad escolar, que acusan al compañero por ser estudioso con el mote de matadito, ñoño o chico nerd, como si ponerse a hacer la tarea con esmero fuera cosa de pecado capital.

Si los gobiernos de Movimiento Ciudadano realizan su proceso de ratificación, que implica un desgaste político para aquellos que no puedan ser aprobados, al grado de tener que dejar empeñada su licencia al cargo desde antes del inicio de los procesos, es justamente porque existe una evolución en la propuesta de gobernar a favor de los ciudadanos.

El hecho de calificar como politiquera una acción que requiere un compromiso con el ciudadano e implica el sometimiento al escrutinio público del trabajo que se está realizando, por parte de un gobernador priista, debería ser motivo de satisfacción para los impulsores de Movimiento Ciudadano, porque implica la descalificación ante la falta de propuesta, puro método de bullying, pues.

Porque hasta la fecha, no se sabe, ni ha sabido de ningún gobierno priista que desee someterse a un escrutinio similar, por mucho que les dé por llamarlo politiquero.

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