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¿Accidente o atentado?

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Por: Salvador Cosío Gaona

En un país como Líbano, que ha vivido una larga guerra civil y se encuentra en una región de constantes conflictos, era una reacción lógica presuponer que el vigoroso estallido ocurrido el pasado martes en el puerto de Beirut, habría sido originado por un atentado. Esta deflagración en la capital de Líbano, que dejó al menos un centenar de víctimas mortales y más de 5.000 heridos, según informes de la Cruz Roja, ha provocado el surgimiento de diferentes teorías en cuanto a lo que la habría originado, pues la argumentación del gobierno libanés genera no pocas dudas en cuanto a la versión oficial que reportó. 

Según las autoridades de aquella nación la catástrofe se debió a la explosión de  2,750 toneladas de nitrato de amonio. 

Michel Aoun, presidente libanés, señaló que el químico, presuntamente confiscado de un carguero con bandera de Moldavia en 2013, había sido almacenado sin las condiciones adecuadas en el puerto generando el estallido. 

Cabe mencionar que el nitrato de amonio es un químico industrial común que suele ser utilizado como fuente de nitrógeno para fertilizante agrícola, aunque también puede ser combinado con combustible para crear un explosivo que se usa en la industria minera o de la construcción. Diversos grupos armados han utilizado bombas con este componente en el pasado.

Esta aseveración del presidente Aoun, contrastó con la versión que unas horas después de la explosión dio a conocer el Ministro de Salud libanés Hamad Hassan, quien salió a dar la cara a través de un comunicado, en el que afirmó que un barco que transportaba fuegos artificiales explotó en el puerto de Beirut.“Lamentablemente, el barco estaba pasando muy cerca de la zona terrestre, donde hay muchos edificios, hoteles y viviendas”, dijo. 

Pero como ya mencionaba, siendo Líbano un país que ha vivido una larga guerra civil (1975-1990) y que se encuentra en una región de numerosos conflictos, no es extraño que una explosión como la del martes se asociase rápidamente con un ataque intencionado.

Habrá que recordar que es Líbano, el país de origen del  partido político y milicia militar Hezbolá, que acumula un número importante de enemigos entre grupos extremistas árabes.

Hezbolá (también escrito como Hizbulá y cuya traducción significa ‘Partido de Dios’) es un grupo paramilitar yihadista de origen chiita con representación política en el gobierno de Líbano, un país que comparte frontera con Israel. La Liga Árabe, la Unión Europea y Estados Unidos, entre otros países, tienen designado a Hezbolá como una organización terrorista.

En la actualidad, Hezbolá es uno de los grupos más influyentes en las decisiones políticas del Líbano y mantiene un papel importante en el tablero de poder del Medio Oriente. Sus conflictos directos con Israel han posicionado a Hezbolá como una de las piezas más hostiles hacia Occidente, a menudo vinculado al régimen iraní de los ayatolas.

Líbano es un país diverso, donde más de la mitad de la población practica la fe musulmana, una tercera parte son cristianos y el resto son fieles de otras religiones. Entre los musulmanes hay más divisiones. El chiismo es una de las dos principales corrientes del islam junto con el sunismo, y Hezbolá se asumió como la organización que le daría voz y voto a este grupo históricamente marginado.

Este grupo surgió a raíz de la Guerra del Líbano de 1982, cuando conglomerados chiitas emprendieron una guerra de guerrillas contra las fuerzas invasoras de Israel, mismas que ocupaban el sur del país. Inspirados en la Revolución iraní del ayatolá Jomeiní, cléricos musulmanes en el Líbano obtuvieron el respaldo económico y militar de Irán y Siria para consolidar a las fuerzas chiitas y vencer a los aliados de Israel en los territorios disputados.

El grupo terrorista, fundado y financiado por el régimen de Irán, es uno de los más grandes promotores del nitrato de amonio y se cree que el compuesto químico fue el mismo que utilizó en el ataque contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en 1994, que dejó un saldo de 85 víctimas fatales. En esa ocasión, el nitrato de amonio habría sido mezclado con aluminio y TNT hasta formar “ammonal”, con una potencia de entre 300 y 400 kilogramos de TNT, de acuerdo con el reporte sobre la causa judicial confeccionado por AMIA.

Sin embargo, tras la explosión del pasado martes, la cadena Al Manar, portavoz de Hezbolá, desligó rápidamente cualquier vinculación con el hecho por parte del grupo terrorista, y aseguró que “todo comenzó con un corto circuito”. Al-Mayadeen, otro órgano cercano a los extremistas, anunció que “el incidente no fue causado por un acto terrorista”.

En la búsqueda de posibles culpables de un presunto atentado, algunas  miradas apuntaron a Israel, país vecino con el que Líbano tiene un pasado de enfrentamiento bélico y con el que persisten las tensiones fronterizas. 

Varias afirmaciones sostienen que  pudo haberse tratado de la detonación de un depósito de armas perteneciente al Hezbolá, que se sabe, posee ese nivel de recursos militares, y en ese supuesto, tendríamos que hablar de un golpe directo de sus feroces enemigos.

No está de más recordar que apenas horas antes de la detonación, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, había advertido al Hezbolá contra cualquier operación que tuviese como objetivo Israel, el día después de una incursión en Siria en represalia ante «intentos» de colocar bombas en la frontera.

«Habíamos arremetido contra una célula, y ahora lo estamos haciendo contra los responsables», señaló Netanyahu, haciendo referencia a un grupo de cuatro hombres que el ejército dijo haber abatido el domingo, cuando «intentaban» colocar bombas, y a las represalias tomadas al día siguiente en Siria.

Israel «hará todo lo que sea necesario para garantizar su defensa», señaló Netanyahu durante una visita militar en el centro del país, «sugiriendo al Hezbolá en particular que tome esto en cuenta».

Sin embargo, en conversación con la BBC, un funcionario israelí negó rotundamente que su país tuviese algo que ver con la explosión, y el propio jefe de seguridad libanés también descartó esa posibilidad.

El corresponsal de la BBC en Medio Oriente, Jeremy Bowen, señaló que el desmentido israelí «parece bastante creíble».

Además, en defensa de Israel habría que decir que normalmente evita afectar a civiles, y en este caso hay decenas de muertos y más de 5 mil heridos, por lo que el atentado, en caso de serlo, no tiene su marca.

La realidad es que la explosión ocurre en un país con un contexto ya delicado, agravado por su peor crisis económica desde el conflicto bélico.

La situación además pone de relieve las profundas divisiones en la sociedad libanesa, donde muchos ciudadanos acusan a la élite política dominante de acumular riqueza y dejar a un lado las amplias reformas necesarias para resolver los problemas del país.

Los cortes de electricidad, la falta de agua potable y el acceso limitado a la salud pública se han convertido en parte de la rutina de buena parte de la población.

Además, la pandemia de covid-19 ha puesto al sistema sanitario bajo una presión todavía mayor, a lo que se suma ahora la llegada de miles de heridos por la explosión a los hospitales de la capital.

La explosión ocurrió en un momento sensible en el país, a pocos días de que se anuncie el veredicto del juicio a cuatro hombres acusados de organizar el ataque que mató al ex primer ministro Rafik Hariri el 14 de febrero de 2005.

Quedan pues aún muchas dudas en torno a si se trató de una explosión accidental o un ataque terrorista. La realidad es que ha destruido gran parte de la capital de Líbano, que una vez más, habrá de levantarse de sus cenizas, una situación que no desconoce porque lo ha conseguido en otras varias ocasiones y seguros estamos que lo logrará una vez más. 

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@salvadorcosio1 

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