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Jalisco 2030: Inteligencia artificial, inversión global

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Por: Carlos E. Martínez Villaseñor

El presente ya no es promesa, es vértigo. Jalisco ha dejado de ser un espectador y se coloca en el tablero global de la tecnología. Lo que está ocurriendo aquí no son anuncios aislados, es un rediseño profundo del futuro económico, educativo y social del estado. Mientras gran parte del país sigue debatiendo sobre megaproyectos, elecciones y discursos, Jalisco se convierte silenciosamente en un polo estratégico donde convergen la inteligencia artificial, la industria de chips, la relocalización de inversiones y un ecosistema de talento que empieza a marcar el rumbo. El futuro digital se está construyendo en tiempo real, y lo estamos haciendo aquí.

Foxconn anunció una inversión histórica de 900 millones de dólares para edificar, en El Salto, la mayor planta del mundo de ensamblaje de servidores para inteligencia artificial, utilizando los potentes chips GB200 de Nvidia. Este megaproyecto forma parte del Proyecto Stargate, una iniciativa de OpenAI en colaboración con Estados Unidos, y tendrá sus primeras fases operativas entre finales de 2025 e inicios de 2026. Con ello, Jalisco se posiciona como una pieza clave en la infraestructura tecnológica global, conectando directamente con los centros de innovación de Silicon Valley, Taiwán y Corea del Sur. No es exagerado: en los próximos cinco años, lo que suceda en esta región impactará cadenas de suministro de todo el planeta.

El contexto es igualmente ambicioso. El mercado de inteligencia artificial generativa en México alcanzó los 219 millones de dólares en 2024 y las proyecciones apuntan a que superará los 940 millones para 2033, con un crecimiento sostenido del 17.6 % anual. Si sumamos el ecosistema completo (hardware, software y servicios), México podría alcanzar un mercado de 65 mil millones de dólares hacia 2030, y Jalisco está diseñado para ser el centro de esta expansión. Esta posición estratégica es resultado de una política estatal que ha sabido alinear incentivos fiscales, agilización de permisos y diplomacia económica con actores clave, atrayendo a gigantes como Intel, Qualcomm, SK hynix y Bosch, que ya están mirando hacia esta zona.

Pero, como todo salto tecnológico, también implica nuevos retos. El más evidente: el talento. Mientras la infraestructura avanza, el recurso humano especializado es todavía limitado. Aquí surge la relevancia del Centro de Diseño de Semiconductores Kutsari, que busca formar 3,000 ingenieros en diseño de chips antes de 2030, en coordinación con instituciones como la UdeG, el ITESO, el CUCEI y el Cinvestav. Además, la capacitación docente avanza: más de 1,000 maestros en Jalisco ya fueron entrenados en IA mediante el Gemini Academy, una colaboración entre el gobierno estatal y Google for Education, lo que permitirá introducir el pensamiento computacional y el uso ético de la inteligencia artificial desde las aulas. Aquí, la formación de capital humano no es opcional: es una urgencia.

En paralelo, la relocalización de manufactura impulsada por el fenómeno del nearshoring coloca a Jalisco en un lugar privilegiado. Con Estados Unidos buscando reducir su dependencia tecnológica de China, las empresas globales están moviendo operaciones a México. Guadalajara, Zapopan y El Salto están captando inversiones que hace una década parecían imposibles. Las proyecciones para 2025 indican que el estado podría captar hasta el 35 % de las nuevas operaciones tecnológicas instaladas en el país, convirtiéndose en un polo clave para servicios digitales, ciberseguridad y ensamblaje de infraestructura crítica.

Pero esta ventana de oportunidad también obliga a tomar decisiones de alto impacto. No basta con atraer inversiones; es necesario asegurar que la propiedad intelectual se quede en el estado, que las startups locales se integren a la cadena de valor y que las pequeñas y medianas empresas encuentren un lugar en el ecosistema. De lo contrario, Jalisco podría caer en un modelo de “maquila premium”, exportando conocimiento básico mientras el valor agregado se concentra fuera. Esta sería la mayor paradoja: tener el talento y la infraestructura, pero no el control estratégico.

El reto va más allá de la tecnología. La infraestructura urbana, la movilidad y la gestión hídrica están al límite. Guadalajara y la ZMG enfrentan un crecimiento poblacional que tensiona sus sistemas de transporte, drenaje y abasto de agua. Si en 2026 las lluvias intensas colapsan la ciudad, y no se corrigen los problemas estructurales, no habrá proyecto tecnológico que soporte la desconexión logística. Aquí se cruzan dos realidades: la Jalisco global de la inteligencia artificial y la Jalisco cotidiana que sigue lidiando con vialidades saturadas, apagones y drenajes rebasados. Si estas dos capas no convergen, la oportunidad histórica podría diluirse.

La apuesta es clara: invertir en conocimiento, talento y seguridad tecnológica para competir en las grandes ligas. Pero también hace falta algo que no se resuelve con capital ni infraestructura: visión. Jalisco no puede limitarse a recibir inversión extranjera; debe planear y liderar su propio futuro digital, pensando más allá de ciclos políticos y banderazos. Hoy se construyen los cimientos para decidir si el estado será un simple engranaje más de la economía global o un nodo central con autonomía tecnológica, propiedad intelectual propia y empresas locales con capacidad de competir.

El reloj corre. El futuro no espera. Si Jalisco logra alinear inversión, talento y visión, podrá consolidarse como el epicentro latinoamericano de innovación. Pero si se confía demasiado en la inercia, si se aplaude sin diseñar, si no se corrigen las brechas estructurales, las oportunidades podrían migrar al primer competidor preparado. Esta década definirá el lugar del estado en el mapa mundial de la inteligencia artificial. Y como en todo tablero estratégico, quien no juega… está condenado a mirar desde la banca.

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