Y ahora qué sigue?

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Por: José Ángel Gutiérrez

La noche de este domingo 21 de agosto, una parte de la población en México, la de los enterados, los informados y los politizados, estuvo atenta a algo más allá que una novela o el acto de clausura de los Juegos Olímpicos: el equipo de periodistas comandado por Carmen Aristegui dio a conocer una nueva investigación en torno a la figura del Presidente Enrique Peña Nieto.

En la misma, expusieron que en 1991, cuando Peña Nieto presentó su tesis para obtener el título de licenciado en derecho por la Universidad Panamericana, incurrió en plagio, copiando aproximadamente el 28 por ciento de lo que ahí expuso.

La nota del plagio de tesis, cumple su objetivo: abonar al descrédito hacia el Presidente Enrique Peña Nieto y su gobierno.

Desde la perspectiva periodística, tiene su valor. Si bien se puede también clasificar entre los llamados “refritos”, pues es algo que ya se había dicho cuando las campañas presidenciales en 2012.

Mas reitero…. El documento periodístico cumplió el objetivo: meter más ruido en un momento en que el país se desmorona por diferentes motivos.

Partiendo de ello, me pregunto si quienes abonan a ese ruido tienen considerado un Plan B para este país, si ese Plan B pasa por las elecciones de 2018 o quieren anticiparlo.

Es más, me dejaría aún más preocupado si ni siquiera tienen contemplado un objetivo claro con este tipo de acciones.

No se puede salir a defender a Enrique Peña Nieto en casos como este y muchos más. Pero tampoco es fácil del todo salir a aplaudir este tipo de actos que solo encueran algo que ocurre en nuestro país, sin que nos digan claramente qué es lo que pretenden.

Qué sigue? Exigir que renuncie? Que como en un juego infantil se diga que nada de lo que se ha hecho los últimos cuatro años cuenta y por lo tanto “tapona y va de nuez”?

El veredicto para Enrique Peña Nieto ya está dictado: pasará a la historia como el presidente con el mayor descrédito en la vida moderna. Superará a aquellos que en su momento dejaron pésimo sabor de boca a los mexicanos.

Pero eso no es lo que en realidad debe preocuparnos o mejor dicho ocuparnos. Sino qué sigue para nuestro país. Este México como nunca dividido, este país tan fraccionado, tan politizado, tan falto de objetivos comunes y tan lleno de intereses personales o de unos cuantos. Este país en el que nadie confía en los demás, porque nos hemos acostumbrado a siempre tener un as bajo la manga, a actuar a espaldas de los otros y a no confiar en nadie.

Es tiempo pues, de dejar de encuerarnos como país y en todo caso, desnudar nuestros intereses para buscar aquellos puntos en los que podemos sumar. Seguir pensando solo en hacer tropezar a los demás, difícilmente nos llevará a algo provechoso. Aún estamos a tiempo.

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