Somos un desorden

Somos un desorden

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Por: Orson Ge

Tuve la oportunidad de conocer a “Charly” en la secundaria, desde aquellos días ya era conocido por ser “ajonjolí de todos los moles”; de risa contagiosa y espíritu noble, amante de las motos pero aún más de su familia, mantuvimos contacto vía las redes sociales, que hoy abren la posibilidad de por lo menos saber qué es de aquellos que no vemos hace tiempo en persona.

Su muerte fue tan repentina como injusta, y deja en la boca un doble sabor amargo: primeramente por la pérdida de una persona con la que se compartió una época, un entorno y encima, por las terribles, cobardes y atroces circunstancias bajo las que se dio.

La muerte de Charly se dio porque somos un desorden, y no sólo eso, somos una sociedad que se revuelca en su propio vómito, gozándose en la podredumbre en la que nuestra propia falta de estructura, de respeto cívico y de amor a la vida nos ha metido, reflejo de uno de los momentos más difíciles y retrógradas de nuestra historia.

¿Por qué lo digo? Simplemente porque resulta desesperanzador que hoy se pueda perder la vida por señalarle a una persona que está obstruyendo un lugar prohibido. Lo digo de nuevo: somos un desorden. Le invito a hacer el ejercicio de pararse en cualquier estacionamiento público y observar cuánta gente se estaciona en lugares para personas con discapacidad sin necesidad, cuántos obstruyen arroyos viales sin necesidad y cuántos se paran en entradas “por un momentito” sin importar si se afecta el libre paso, si se tapan rampas de acceso o si simplemente un peatón tiene que rodear –sin necesidad esencial- el auto de alguien que se sintió demasiado especial como para estacionarse en uno de los lugares que le correspondía bajo la premisa de “primero en tiempo, primero en derecho”.

Lo que es peor, en un segundo se decida con toda frialdad no sólo matar a una persona porque nos pone en evidencia de algo tan elemental, sino también dejar incompleta a una familia, robándole a una niña la posibilidad de crecer junto a su padre y a una esposa en la más grande de las confusiones.
Es vergonzoso vivir en una sociedad que ya no puede corregirse a sí misma; es desesperanzador pensar que la próxima vez que alguien quiera corregir una de las tantas cosas que se hacen mal aquí, se la piense dos veces por miedo a correr la misma suerte de Carlos, es ruin pensar que hay gente tan anclada a su manera egoísta y errada de vivir, que prefieren quitarle la vida a alguien antes que simplemente aceptar su error y corregir su actitud.

No exageramos cuando decimos que es un momento de profunda incertidumbre, y no sólo lo decimos por la muerte de Charly, sino por lo que ella representa, por el momento que como sociedad estamos reflejando, por la incapacidad de mostrarnos humildes y con ganas de salir adelante.

Se dice que “somos más los buenos”, pero parece que cada vez somos menos.

¿Cuántos Carlos necesitamos para caer en la cuenta de que lo estamos haciendo mal?

De corazón espero que los responsables reconozcan su error, y ante la imposibilidad de reparar una mínima parte del daño –porque la pérdida es irreparable- por lo menos asuman la responsabilidad de tan atroz y deleznable acto.

Twitter: @Orsonjpg

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