¿Qué le pasa al deporte en México?

¿Qué le pasa al deporte en México?

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El deporte en México parece estancado. Un país con más de 122 millones de habitantes no se ha consolidado como una potencia en los Juegos Olímpicos. Su mejor participación fue en casa en 1968 cuando cosecharon tan sólo nueve medallas. En Río se situó en el lugar 61 del medallero general con cinco preseas, ninguna de oro, superado por Etiopía, Fiyi y Georgia. A nivel Latinoamérica quedó debajo de Brasil, Cuba, Colombia y Argentina.

La más reciente participación de la delegación mexicana tuvo tintes de decepción. La opinión pública y los partidos de oposición al Gobierno federal señalaron a Alfredo Castillo, el máximo comisionado del deporte, como el primer culpable. También se habla de dirigentes corruptos. Otros más fatalistas estiman una predisposición cultural a la mediocridad. Pero, ¿qué pasa realmente con el deporte en México?

Vayamos por partes. El deporte no ha sido una prioridad en líneas generales para los gobiernos mexicanos. Tampoco para el de Enrique Peña Nieto. Al inicio de su mandato gastó casi 6.400 millones de pesos (345 millones de dólares), pero con los recortes de presupuesto esta cantidad pasó a menos de la mitad en 2014. En 2016 el gasto se estancó en 2.800 millones de pesos (150,6 millones de dólares). La mayor parte de este dinero termina en los programas de cultura física de las escuelas públicas, al mantenimiento de sedes deportivas, a la organización de eventos y a tareas burocráticas. De modo, que al final, a los atletas de alto rendimiento no les llegan recursos suficientes.

En los cuatro años previos a Río, la disciplina que más dinero recibió por parte de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) fue el taekwondo con 22 millones de pesos (un millón de dólares). Esa cantidad representa tan sólo el 0,14% de lo que el país destina al deporte en el presupuesto de egresos. A la cita olímpica acudieron cuatro atletas y de ellos sólo María del Rosario Espinoza ganó la plata. Un esfuerzo económico pequeño comparado con lo hecho por los taekwondistas Itzel Manjarrez y Carlos Navarro, quienes terminaron en cuarto lugar; Saúl Gutiérrez quedó eliminado en la primera ronda.

No corrieron la misma suerte los atletas que no practican una disciplina prioritaria para el Gobierno, condenados a sobrevivir con apoyos menores. Misael Rodríguez no sólo se hizo famoso por ganar el bronce en boxeo, sino porque pidió dinero en el transporte público para poder participar en los Juegos tras las rencillas de Castillo en contra de la Federación de Box. Con el triunfo de Ismael Hernández, el pentatlón moderno fue la disciplina que menos dinero tuvo de las que se subieron al podio, tan sólo 2,45 millones de pesos (132.000 dólares).

“El problema no es el dinero, podemos agregarle o quitarle y seguirá lo mismo. Se requiere de un verdadero plan nacional del deporte”, considera Ana Gabriela Guevara, medallista olímpica y senadora de México. El problema, en su opinión, no está en la cantidad de recursos que se destinen al deporte, sino en que lleguen a manos de los deportistas.

“El deporte mexicano sigue en pañales. Mientras no se asignen presupuestos importantes para su desarrollo por parte del Gobierno federal, vamos a seguir en un tono medio como se tuvo en Río”, apunta el periodista Heriberto Murrieta. “No hay un planteamiento como nación para que podamos llegamos a ser algún día, dentro de algunos siglos, alguna potencia”, ironiza.

“A veces tenemos que rogar”
ampliar foto El remero mexicano Juan Carlos Cabrera M. HangstGetty Images
El remero Juan Carlos Cabrera acudió a su primera cita olímpica en Brasil y terminó en el octavo lugar de la competencia. “No me puedo quejar por la falta de apoyos y becas, pero sí en cuanto a campamentos y materiales que necesitábamos. A veces tienes que estar rogando un poco”, confiesa y comenta que el equipo de entrenamiento y uniformes puede tardar hasta un mes en llegar debido al proceso burocrático. “Mientras más personas estén involucradas, más tardan. A veces no te aprueban todo lo que solicitas”.

Cabrera recuerda que durante un campamento en Monterrey, el equipo de remo masculino y femenino tuvo que hospedarse en una primaria adaptada como hotel. “Teníamos que compartir el baño con todos los inquilinos, no contaban con servicio de restaurante. El personal del lugar cocinaba nuestra comida, pero no correspondía a la alimentación que tenemos que cumplir. Por ahorrarle dinero a la Conade pasan este tipo de cosas”, reclama el deportista de 25 años.

La intriga olímpica
Alfredo Castillo durante Río 2016. Getty Images
La llegada de Alfredo Castillo a la Conade en abril de 2015 desconcertó a la opinión pública ya que contaba con una trayectoria en cuestiones de seguridad, pero carecía de cualquier tipo de experiencia en el ámbito deportivo. El nuevo comisionado tomó el cargo con la consigna de hacer más transparente la gestión de recursos públicos que se otorgan a las federaciones deportivas, que, a su vez, rinden cuentas al Comité Olímpico Mexicano (COM). La relación entre el COM y la Conade siempre ha estado plagada de altibajos. Ambos organismos tienen feudos y cotos de poder importantes. El primero es la representación de México ante las autoridades olímpicas internacionales, mientras que el segundo asigna los fondos gubernamentales destinados al deporte.

A los pocos meses de llegar al cargo, el dirigente de la Conade denunció que los dirigentes federativos habían “rebasado” al Estado y se habían convertido en “cacicazgos”, sin fiscalización por resultados y con mecanismos poco democráticos para la alternancia de los altos mandos. Antonio Lozano, presidente de la Federación Mexicana de Asociaciones de Atletismo desde 2009 y uno de los directivos señalados por Castillo a finales del año pasado, zanja displicente la polémica: “No tenemos ningún conflicto con ellos, la Conade tiene un conflicto con el deporte de México”, afirma.

Pero los primeros y más afectados por este conflicto son los propios deportistas mexicanos que quedan a su suerte. “No hay un sólo deportista en este país que haya sido producto del sistema deportivo. Todos los logros son producto de esfuerzos personales, de familias que han tenido que embargar o vender su automóvil para llevar al niño a un torneo nacional o internacional, para darle a su hijo un empujón”, asegura el comentarista Carlos Albert.

“Los éxitos son de los deportistas”
ampliar foto Guadalupe González tras ganar la plata en Río. T. MELVILLEREUTERS
Ana Gabriela Guevara, la figura más importante del atletismo mexicano, considera que la Federación no se puede deslindar del problema. “Su trabajo ha sido ineficiente y no se puede justificar con lo hecho en Río porque los éxitos son de los deportistas”. Lamenta que el nivel de la disciplina ha ido a la baja: sin referentes en pruebas de velocidad y tampoco representación en los 5.000 ni en los 10.000 metros. Para Guevara la medalla de plata de Guadalupe González fue “un fruto de su esfuerzo, de su entrenador y nadie más”.

“No es culpa mía, tampoco es culpable un solo gobierno ni una sola persona, es una cuestión cultural, de corrupción”, responde Lozano. El enfrentamiento entre la Comisión y las asociaciones amenazó la participación de México en Río, después de que el COM y 10 federaciones acusaron en noviembre pasado una violación a la Carta Olímpica, que prohíbe cualquier injerencia gubernamental. Pero la advertencia no tuvo efecto, ya que algunos dirigentes mexicanos ocupan simultáneamente cargos federativos a nivel internacional. A pesar de ello no se sancionó al país.

Todo queda en una foto en Los Pinos

Los medallistas olímpicos de Río con el presidente mexicano NOTIMEX
“Aquí no hay un sistema de apoyos. En México, el deporte es una materia que no le interesa a los políticos más que cuando les conviene sacarse una fotografía en Los Pinos (la residencia presidencial) con quien tiene éxito”, critica Carlos Albert. “El deporte cada vez es más especializado, entonces más costoso. Es como decir: ¿por qué en México no se lanzan cohetes al espacio? ¿Por qué no hay una NASA? ¡Pues porque cuesta mucho dinero y no hay!”, afirma.

Mientras las acusaciones de politiquería, corrupción e ineficacia vienen y van, los deportistas quedan atrapados en el fuego cruzado de las descalificaciones. “Las malas relaciones entre las autoridades deportivas no son recientes, es un obstáculo que el deportista mexicano tiene que sortear en cada ciclo”, reconoce Óscar Soto, pentatleta olímpico retirado.

México, una sociedad severa con sus deportistas
La gimnasta Alexa Moreno durante su participación E. DunandAFP
Los deportistas mexicanos no sólo tenían que pasar bajo el escrutinio de los jueces, sino también el de sus compatriotas en redes sociales. El público pasó de las críticas por la falta de medallas a los ataques personales, como las burlas por la apariencia física de la gimnasta Alexa Moreno. “Las redes sociales mexicanas son muy negativas”, estima el sociólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Sergio Varela, quien también asegura que es la clase media la que tiende a ridiculizar y a estigmatizar a sus deportistas, con fuertes dejos de clasismo, misoginia y racismo. “Hay una tendencia a pensar: ‘¿Cómo no vamos a perder si mandan a gente así?’”, refiere el académico sobre la complexión de los representantes en justas olímpicas.

Horacio de la Vega, titular del deporte de la capital mexicana, considera que el trato hacia los deportistas es injusto. “Las críticas que enfrentan los atletas no son las mismas que teníamos que afrontar nosotros cuando no había Internet”, recuerda el premio nacional del deporte en 1998.

Un desempeño dentro de lo esperado
ampliar foto La arquera Alejandra Valencia terminó en cuarto lugar J. SamadAFP
Alfredo Castillo puso su renuncia sobre la mesa tras la participación de México en Río 2016, pero fue ratificado en el cargo la semana pasada por Peña Nieto. El director de la Conade tendrá que comparecer el miércoles en el Senado. A la espera de esa cita, Manuel Portilla, subdirector de Cultura Física de la Comisión, admite: “El balance de Río está dentro de las expectativas que teníamos, aunque nos faltó un poco para igualar el papel de hace cuatro años”.

Sin embargo, lo que sucedió en Río sólo evidenció las lagunas que ha dejado el sistema deportivo en México durante años. Mientras el comisionado y los dirigentes de las federaciones libran una batalla desde los escritorios, los futuros atletas quedan desamparados en el inicio del nuevo ciclo olímpico rumbo a Tokio 2020. El primer reto será revalorizar el deporte y situarlo como una prioridad del país. El salto a la élite mundial tendrá que esperar.

FUENTE:EL PAÍS

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