¿Por qué odian tanto a las chicas sensuales y provocativas?

¿Por qué odian tanto a las chicas sensuales y provocativas?

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No lo nieguen. En más de un café o una reunión hemos escuchado a una chica expresarse de otra con apodos despectivos (la zorra, la puta, la facilona). ¿Y todo por qué? Porque la susodicha siempre luce sensual y provocativa. Porta ropa que deja poco a la imaginación, tiene muchos novios y la mayor parte de su grupo de amigos está compuesto por hombres.

Esas chicas (las chenchualonas, no las criticonas) son nuestra admiración. Ellas, según un estudio realizado por el psicólogo clínico David J. Ley, tienen en promedio siete orgasmos a la semana, se masturban todos los días y viven plenamente su sexualidad.

Pero, ¿por qué desatan la furia de sus hipócritas amigas? Aquí se los decimos:

Todo comienza por la educación
Desgraciadamente a muchas mujeres se les educó para reprimir su sexualidad. Si llegaban a adoptar algún comportamiento que socialmente sólo era válido para los hombres (como ligar a diestra y siniestra), surgía un escándalo.

“Mijita, date a deseo y olerás a poleo”, “los hombres llegan hasta donde una les permite”. En los tiempos de mamá Canica, el cuidar del preciado tesoro de la florecita era una responsabilidad exclusiva de la mujer. El hombre sólo respondía con su fiero instinto, incapaz de controlarlo y ávido por saciarlo.

Por tanto, las mujeres “decentes” debían lucir un atuendo recatado y discreto, para no despertar las bajas pasiones de los varones.

En la actualidad esto ha sido considerado como la peor y más vil violencia de género. Afortunadamente muchas voces se han levantado para erradicar esto y dejar de endilgarle toda la tarea de “preservar los valores y las buenas costumbres” a la mujer. Porque, finalmente, uno de esos valores es el respeto y con actitudes como ésta quedan muy lejos de su cometido.

¿Por qué el estigma?
En realidad, todos tememos a lo desconocido. Al no saber cómo vivir nuestra sexualidad a nuestras anchas, colgamos los apodos más crueles y despiadados a quienes la viven plenamente.

Porque una mujer (u hombre) puede acostarse con cuantas personas desee sin que ello demerite su valor. Pésele a quien le pese. Vivir la sexualidad con una o varias personas (en forma separada o simultánea) no es un factor que indique su moralidad.

Según el psicólogo Ley, cuando las mujeres que han sido educadas para reprimir su sexualidad encuentran a otra que a su parecer vive desatada, le demuestran su rechazo. En realidad, en el fondo de sus corazones (y de sus cuerpos, picaronas) desearían probar aunque sea un poquito de esas mieles que tanto disfrutan las otras.

Y la manera de expresarlo es devaluando a la otra mujer. El sabotaje y la agresión son la forma de “hacerlas entrar en cintura”.

Otra teoría más primitiva
El psicólogo Ley asegura que este conflicto entre chicas surgió hace mucho tiempo, cuando la capacidad reproductiva de una mujer era el único recurso que tenía para ofrecer a cambio de protección y cuidado para sus hijos. Quien malbarataba este recurso era considerada una cualquiera. Era algo así como la devaluación de nuestro querido peso, pero más gacho.

Pongamos los puntos sobre las íes
Entrevistamos a la maestra sexóloga Ka (que pueden encontrar en su Face y Twitter) y nos aclaró varios puntos:

1. ¿Quién diablos define cuántos orgasmos “debe” tener una mujer para considerarla como una mujer “sexosa”? Al parecer este psicólogo es un tanto machista…

2. Si visten así, en realidad, es porque tienen más seguridad en sí mismas. Sin embargo, ello no significa que se tiren (o no) a todos los que se le pasean enfrente. Algunas de ellas ni siquiera tienen pareja.

3. Los hombres han gobernado las normas sociales y morales y ello ha hecho que entre las chicas surjan disputas. ¿Por qué? Siguen el sabio dicho: divide y vencerás. Cuando las mujeres se unen, logran grandes cosas y si se separan… ¿quién manda?

4. Además de esto, la envidia es algo heredado. Como decíamos anteriormente, envidiamos a las chicas que lucen sensuales porque en el fondo desearíamos ser como ellas. Y este tipo de pensamiento se traspasa de generación en generación.

¿Ustedes qué opinan? ¿Le tienen tirria a esas bellas mujeres o forman parte de las filas de quienes las admiran?

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