Ni el queso ni la comida picante tienen la culpa de tus...

Ni el queso ni la comida picante tienen la culpa de tus pesadillas

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Te has dado cuenta de que todo lo que nos pasa es por culpa de la comida? Nos están envenenando poco a poco y nada de lo que comemos pasa los filtros de seguridad impuestos por los gurús de las dietas. Si no lleva la etiqueta bio, eco o natural 100% es mortal de necesidad.

También estamos cansados de oír que el desayuno es la comida más importante del día pero, ¿te cuento un secreto? Ahora resulta que, según los expertos, la clave de todo está en el último bocado del día.

La cena no sólo determina tu peso sino también la calidad de tu sueño, tu humor al despertar y la primera ingesta del día. Porque lo más probable es que tras una cena tardía y copiosa (una costumbre typical spanish) te saltes el desayuno, entrando así en un círculo vicioso del que es difícil salir.

Y por supuesto, si te despiertas sobresaltado por la noche la culpa es tuya. Deberías revisar tus hábitos alimentarios porque fijo que has tomado alguno de los alimentos prohibidos para esa franja horaria, ¡la osadía se paga cara!

Entre esa larga lista de alimentos denostados destacan los siguientes:

1. Queso

Acusación: Indigesto, graso, muy graso y un desencadenante del dolor de cabeza.

Pruebas eximentes: un estudio británico de 200 voluntarios demostró que no hay ninguna relación entre las pesadillas y el queso. Por el contrario, se encontró que determinados tipos de queso favorecen los sueños agradables. El queso Lancashire generaba sueños relacionados con el trabajo, el Cheshire hizo que los voluntarios no soñaran y el Cheddar se relacionó con sueños con famosos. Se cree que estos efectos se deben al aminoácido triptófano presente en el queso, comúnmente asociado a una disminución del estrés.

2. Carne

Acusación: está cargada de grasas saturadas que aumentan los niveles de colesterol en la sangre, daña el corazón y provoca cáncer colorrectal, así como tumores en el páncreas y la próstata.

Pruebas eximentes: los carcinógenos se liberan durante el proceso de cocción de la carne roja. Para ello hay que cocinarla a fuego medio en lugar de a una potencia alta que puede causar carbonización y producir sustancias cancerígenas. No conviene cocinar demasiado la carne, y se recomienda optar por cortes de carne magra que de color rojo.

Por cierto, las carnes rojas son ricas en proteínas de calidad y sobre todo, son una excelente fuente de hierro que contribuye a prevenir o controlar estados de anemia. Además, la carne roja es rica en potasio, en fósforo y zinc y ofrece vitaminas del complejo B como ácido fólico, B12, B1, B2 y B5. Asimismo, en pequeñas cantidades aporta vitamina D y E a la dieta.

3. Pasta

Acusación: Es una comida muy contundente y pesada porque contiene más hidratos de carbono que la mayoría de alimentos. Y los carbohidratos son una fuente rápida de energía que si no se usa se transforma en grasa, de ahí que se aconseje tomarlos mejor durante la comida. Por las noches no hay forma de quemarlos.

Pruebas eximentes: Una alimentación saludable se basa en la diversidad de alimentos. Saber combinarlos y elegir bien los aderezos marca la diferencia entre un plato sano y uno indigesto. Tomarlos por la noche en su justa medida nos sacia y nos relajan pero además nos ayuda a mantener la masa muscular y prepara nuestro cuerpo para el día siguiente.

4. Pizza

Acusación: Es basara, comida rápida que acelera la producción de ácido en el estómago, provocando pesadez, acidez y ardor.

Pruebas eximentes: la pizza también puede ser un plato muy saludable. Depende de cómo se elabore y los productos que se utilicen. La masa debe ser fina y estar elaborada a partir de ingredientes integrales. Si añades rúcula, hojas de espinaca, brócoli, aguacate,pollo a la plancha o jamón, ¿qué problema hay?

5. Comida picante

Acusación: causan acidez estomacal, diarrea y… sueños inquietantes, como ese en el que te caes al vacío, ¿te suena?

Además, los alimentos picantes elevan nuestra temperatura corporal, lo que hace que a nuestro cuerpo le cueste adaptarse a este cambio y, por consiguiente, empeora la calidad de nuestro sueño.

Pruebas eximentes: Según un estudio publicado en el “British Medical Journal”, comer picante prolonga la vida y está asociado a un descenso en el riesgo de sufrir enfermedades como cáncer, enfermedades cardíacas y respiratorias. Además, los alimentos picantes y las especias son grandes aliados para quienes buscan bajar de peso de forma saludable, ya que ayudan a controlar el hambre y mejorar el humor.

Curioso, ¿eh? Lo que más nos gusta es justo lo que no podemos tomar. Todos estos alimentos son atractivos y sabrosos pero resulta que provocan una cascada de efectos secundarios que nos impedirán dormir a pierna suelta.

Bueno, pues este enigma tiene una fácil solución porque en realidad lo que ocurre es que la comida picante (como el resto de alimentos citados) es muy difícil de digerir porque al ser tan alta en proteínas y grasas obligará a tu estómago a trabajar duro cuando lo que debería hacer es descansar. Y sí, puede provocar despertares nocturnos. Pero es que precisamente esa interrupción del sueño hace que recuerdes más y mejor lo que estabas soñando.

En realidad, no es que la comida picante (o cualquier otra) lo que te hace tener pesadillas, sino que vives los sueños con mayor intensidad, ya sean buenos o malos. Ten en cuenta que la digestión se ralentiza durante el sueño. Nuestro organismo realiza un esfuerzo extra para digerir la comida ingerida por la noche, por eso conviene escoger alimentos que no dificulten aún más la tarea. Mi consejo para evitar noches moviditas es que, si te gustan estos platos, moderes la cantidad.

Aquí tienes el veredicto final: más que el contenido lo que importa es la cantidad y la hora. Es decir: el cuánto, el cuándo (y perdón), también el cómo. Dejar un hueco libre en el estómago en vez de saciarte por completo, adelantar la cena, comer siempre sentado (a la mesa y no en el sofá) y con la televisión apagada resolverá todas estas cuestiones.

Y por encima de todo esto, lo importante para que la comida te siente bien es que estés convencido de ello. Todo está en tu cabeza. Así que si te gusta, te apetece y te lo vas a comer con gusto, adelante. ¡A comer se ha dicho!

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