Las sorprendentes ventajas de avergonzarse con facilidad

Las sorprendentes ventajas de avergonzarse con facilidad

44
0
Compartir

Pocos días después de empezar mi primer trabajo, una colega entró a la oficina de mi equipo para quejarse de una “situación” en el baño.

No voy a entrar en detalles, sencillamente vamos a decir que para cierta persona la etapa de aprendizaje de cómo ir al baño debió haber sido un tanto retorcida.

No sé por qué (todavía no sé quién fue el autor de la hazaña, pero definitivamente no fui yo), en medio de su bronca sentí como si una pequeña flama se encendía bajo mi piel.

Pronto, olas de fuego se elevaban desde mi pecho hasta mi cabeza, mi cuello y mejillas se motearon con un rosado intenso, mientras que mis orejas se tornaron tan rojas como los rábanos.

Nadie me acusó de la fechoría… ni nadie tenía por qué saber que yo me podía sonrojar por cualquier cosa.

De hecho, mirando hacia atrás, parecería que pasé toda mi adolescencia, y mis 20, en un estado de vergüenza permanente.

¿Por qué estos sentimientos nos afectan con tanta intensidad? ¿Y por qué los seres humanos evolucionamos para mostrar tan visiblemente nuestra incomodidad?

En mi caso, mis mejillas sonrojadas solo hicieron que pareciera culpable cuando en realidad no lo era.

Charles Darwin intentó, sin éxito, encontrar un resquicio de razón por nuestro bochorno.

“Hace que el abochornado sufra y el espectador se sienta incómodo”, escribió.

Sin embargo, psicólogos evolutivos están descubriendo hoy que esos sentimientos de vergüenza insoportable pueden a largo plazo ser cruciales para el bienestar.

¿Reacción al miedo de que te descubran o forma de pedir disculpas?
Una teoría es que se trata de una reacción natural al miedo de “ser descubierto”.

El psicólogo Ray Crozier de la universidad de Cardiff ha entrevistado a muchas personas sobre las situaciones que las hace sonrojar, y descubrió que con frecuencia tiene que ver con la posibilidad de exponer algo privado –como una mujer embarazada que se sonroja cuando el tema de los bebés surge en una conversación- en vez de tratarse de un accidente o un paso en falso.

Aquí el rubor puede ser una reacción fisiológica a la conmoción de que su secreto puede estar a punto de salir a la luz, incluso si es motivo de celebración.

Aunque estas situaciones se sienten muy distintas a las terribles escenas en las que uno quiere que lo trague la tierra; como por ejemplo aquella vez en que llamaste a tu profesora “mami” (si te pasó, te entiendo completamente).

Algunas pistas vienen del reino animal y en la forma en que los primates subordinados lidian con el conflicto.

Mark Leary, de la Universidad de Duke, señala que en vez de arremeter inmediatamente, lo que a menudo hacen los chimpancés de alto rango es simplemente mirar a sus subordinados cuando han sido agraviados. Es una forma de decirles “fuera de mi espacio” o “deja mi comida”.

Sin embargo, lo que es particularmente interesante es la forma en que el subordinado intenta apaciguar la situación, utilizando comportamientos que se parecen mucho al nuestro cuando nos sonrojamos: dejan de mirar a los ojos, de la misma forma en que nosotros lo haríamos, y bajan la cabeza como con “vergüenza”.

“A menudo implica una sonrisa tonta y triste que se parece mucho a la de vergüenza de los humanos”, explica Leary.

Todas estas acciones parecen decir “lo siento” y señalan el hecho de que queramos evitar más confrontaciones directas.

Comments

comments

No hay comentarios