LA MILITANCIA PERDIDA

LA MILITANCIA PERDIDA

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Por: Carlos Anguiano Zamudio

En México cada vez se incrementa más la cantidad de ciudadanos que viven en tiempos de incertidumbre, de inconformidad, de rechazo hacia las viejas formas de hacer política, de incredulidad, de anhelo de espacios para participar en la construcción del espacio público, el desarrollo de la comunidad y el mejoramiento del lugar de residencia para beneficio colectivo.

El desgaste del modelo de participación política tradicional, considerado como un logro postrevolucionario, fundado en la militancia en los partidos políticos, esta dando claras evidencias de crisis. Las cifras de ciudadanos inscritos como militantes debidamente acreditados en todos los partidos políticos nacionales, dan un gran total acumulado de 11´183,902 afiliados en su conjunto, registrados ante el Instituto Nacional Electoral en el año 2015, de un universo potencial de 82´872,726 inscritos en el padrón electoral (corte actual. Fuente www.ine.mx).

La cantidad de ciudadanos militantes mantiene una tendencia a la baja, y los institutos políticos promueven permanentemente la afiliación y re afiliación, para presentar su padrón ante el Instituto Nacional Electoral, requisito fundamental para mantener su registro como partidos políticos nacionales.

Según datos del Instituto Nacional Electoral, el número de afiliados por partido (2015) se desdobla como sigue:

El PRI tiene un registro de 5 millones 44 mil 528
El PRD tiene un registro de 2 millones 590 mil 972
El PVEM tiene un registro de 732 mil 904
Movimiento Ciudadano tiene un registro de 578 mil 563
Morena tiene un registro de 496 mil 729
PT tiene un registro de 488 mil 104
Nueva Alianza tiene un registro de 449 mil 217
Partido Encuentro Social tiene un registro de 308 mil 997
Partido Humanista tiene un registro de 270 mil 966
El PAN tiene un registro de 222 mil 922

De acuerdo a la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (Legipe) es requisito contar como mínimo con un número de afiliados equivalente a 0.26 % del padrón electoral, es decir, 219 mil 608 ciudadanos afiliados para la conservación del registro como partido.

Esto no significa que sean el número de votantes por partido, sino la lista que entrega cada uno de ellos únicamente para mantener su registro, pese a que existe una clara tendencia a no militar activamente en ninguna institución político partidista, pues únicamente el 13.49% de los inscritos en el padrón electoral acceden a hacerlo.

Lo anterior tiene efectos como la pérdida de poder de convocatoria; implica también la debilidad de los partidos políticos como interlocutores sociales, reduce la capacidad de encauzar energía y marcar agenda, pone en evidencia la escasa representación ciudadana que hoy mantienen, haciendo propicio el que la gente busque nuevas vías, alternativas diferentes de participación y de involucramiento en la toma de las decisiones que les afectan dentro de la comunidad.

La energía social ya no está contenida en su mayoría por los partidos políticos. Estos, pretenden agrupar en su seno a aquellos ciudadanos que se sienten identificados con sus ideas, programa e ideología, y se unen para realizar una acción política común cuya finalidad es llegar a gobernar para poner en práctica su programa y doctrina. Ahora la gente está encontrando formas diferentes de participar conscientemente, creciendo aceleradamente la tendencia a formar parte de grupos de pertenencia donde encuentran personas que sienten una liga entre sí, o en grupos de interés, que cada vez se ahondan más en transferir sus activos hacia la participación en política, como la vía para dar solución a sus demandas, intereses y participar en la toma de decisiones colectivas.

El activismo ha crecido en esferas y organizaciones sociales con objetivo social diferente a la generación, acumulación, procesamiento y distribución del poder, lo cual ha sentado un precedente en el actuar de organizaciones universitarias, académicas, sindicales, gremiales, organismos cúpula empresarial, asociaciones vecinales e incluso grupos religiosos, que han ido ampliando su participación política, involucrándose bajo demanda de sus miembros e integrantes e incursionando decididamente a disputar a los partidos políticos el derecho a aglutinar, a opinar, a debatir, a vigilar, a promover, a premiar y a castigar, y en sí, han ocupado un lugar emergente en la distribución del poder real, con tendencia a crecer en influencia, en presencia, en representación y en capacidad de encauzar la fuerza social que hoy manifiesta su deseo de permanecer ajena a los partidos políticos.

La ciudadanía ha iniciado a participar en torno a nuevas expresiones sociales, en organizaciones apartidistas que refrescan la confianza en participar, registrándose avances en el poder de convocatoria, pero además, logrando legitimidad social e impulsando una nueva relación entre sociedad y gobierno, donde la fuerza que han perdido los partidos políticos, la han ganado en parte nuevos lideres y nuevas organizaciones sociales más horizontales, más perfiladas a la consecución de objetivos territoriales, más vinculadas a causas y a la agenda social, convirtiéndose en coadyuvantes, facilitadores, generadores de opinión, vigilantes corresponsables, involucrando cada vez a más personas que intentan recurrir a nuevas formas para opinar, solicitar, gestionar e incidir en la toma de las decisiones de las autoridades legales, acotando y propiciando que la acción gubernamental sea no sólo legal, sino legitima, validada por la comunidad.

En este escenario aparecen alternativas previstas por las legislaciones electorales vigentes que confieren derechos políticos individuales, surgiendo la figura de las candidaturas independientes, lo cual se ha convertido en una posibilidad a la que se adhieren ciudadanos con participación social activa, miembros de grupos de sociedad organizada, con liderazgos reales, surgidos de otra área de la vida social distinta a la política, pero que eventualmente migran hacia la política, contando con un cimiento social que da cierta certeza de su intención, produce identidad, empatía social y da sentido a la esperanza de creer que existe el voto útil, aún en los electores más escépticos, que usualmente son quienes acuden al llamado de las nuevas formas de hacer política.

La aparición de candidaturas ciudadanas que prescinden de la postulación de un partido político tradicional, ha generado alta expectativa social y comienza a despertar el interés por participar activamente, por levantar la voz, por proponer, por involucrarse en los temas de lo público, por convocar, analizar, debatir y convencer.

Nuevas reglas, nuevos tiempos, una dinámica social de equidad, libertad, tolerancia y respeto y el deseo de una franja importante del electorado que desea explorar la oportunidad de transformar la realidad social, generarán una transformación que será medida tras los resultados de la elección de 2018, pero que en el camino enriquece el debate social, marca agenda pública, propicia mayor participación popular, despierta interés en la gente y motiva a seguir involucrado en el juego democrático. Seguro que es para bien.

Por Carlos Anguiano Zamudio
www.inteligenciapolitica.org
@carlosanguianoz en Twitter

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