La confusión en La Minerva

La confusión en La Minerva

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Por: Ricardo Alvirde Sucilla

Hace un poco más de tres semanas comenzó un episodio en la vida de nuestra ciudad que se vislumbraba difícil, intenso, polémico.

Se anunciaba una intervención a uno de los monumentos más icónicos de Guadalajara; una intervención que despertó serias dudas por la manera en la que fue anunciada por funcionarios del Ayuntamiento pues parecía más un acto de propaganda, que a una verdadera preocupación por salvaguardar el patrimonio artístico y cultural de los tapatíos; se nos dijo que la escultura de bronce conocida como la Minerva, estaba a punto de colapsar; pero que no debíamos de preocuparnos, pues el Ayuntamiento ya tenía todo resuelto y que se destinarían ocho millones de pesos para salvarla y que si bien era cierto que los trabajos de restauración no ascendían a esa cantidad, lo que encarecía el proyecto era la logística necesaria para desmontar la escultura de su base y trasladarla a donde se instalaría un taller provisional en el Centro de la Amistad Internacional, donde no habría que pagar renta pues se trata de un inmueble de propiedad municipal.

Lo caro seguía siendo la contratación de grúas y plataformas para su traslado. Cabe destacar que todo se da a conocer en una entrevista de banqueta y resultaba un tanto inverosímil que un anuncio de tal magnitud se diera a conocer con declaraciones atropelladas, sin aportar mayores datos y anunciando que en menos de un mes se daría inicio a la epopeya para salvar a nuestra Minerva.

En redes sociales donde la noticia circulaba, se podían leer comentarios polarizados; había quien aplaudía la medida, había quien sugería aprovechar y hacer una nueva estatua menos adusta y había también quien cuestionaba la seriedad de lo anunciado. Quienes cuestionaban comenzaron a ser más numerosos; en lo personal, a mi me parecía absurdo que se pensara gastar tal cantidad de dinero tan sólo en el traslado ¿Es estrictamente necesario moverla? La lógica me decía que si la escultura presenta los graves daños que acusaban, lo menos indicado era retirarla de su pedestal y todavía más ilógico resultaba desplazarla desde su sitio original hasta el que sería el taller que se implementaría.

Compartí entonces una fotografía tomada el día en el que se instaló la escultura en su sitio y en la que se muestra una grúa simple, una escalera de madera y un puñado de trabajadores en plena faena; la fotografía en cuestión comenzó a ser compartida una y otra vez, los “me gusta” y otras reacciones comenzaron a sumarse llegando a rebasar los miles; Guadalajara así respondía al anuncio dado a conocer unos días antes y la foto se hizo viral. Al mismo tiempo que esto ocurría, los funcionarios declaraban ante los medios una cosa, en unas horas ya era otra declaración distinta y comenzó a reinar la desinformación y brotaban más dudas cada vez.

Nos reunimos un grupo de amigos y decidimos consultar con personas dedicadas a la conservación y restauración, quienes no solo confirmaron que nuestras dudas tenían una razón de ser, sino que además nos permitieron conocer que había aún más riesgos para la escultura y para los recursos públicos que se destinarían; fue entonces que decidimos dirigir una petición al Ayuntamiento de Guadalajara para que nos dieran respuestas a una serie de cuestionamientos que formulamos a partir de la opinión de expertos a los que consultamos. Demandamos saber inicialmente, qué estudios técnicos se habían realizado a la escultura que permitieran saber la gravedad o levedad de los daños; se presentaron preguntas precisas y esperábamos la misma precisión en las respuestas. Transcurrió una semana y acudí al Palacio Municipal esperando recibir la contestación a nuestro oficio presentado; no había respuestas, tan sólo la indicación que nuestro asunto había sido turnado a otra dependencia y que allá nosotros le diéramos seguimiento. Tres semanas después de presentado nuestro oficio pidiendo información, recibo por parte de la Dirección de Proyectos del Espacio Público un documento de siete hojas en las que abundaba la tinta pero escaseaban las respuestas a las preguntas que concretamente hicimos.

A la par que nosotros dábamos seguimiento a nuestra solicitud por escrito, diversas voces se sumaban al mismo reclamo; la demanda por información seguía creciendo y la postura parecía tornarse más opaca cada vez; misteriosamente, aquella fotografía que se había viralizado compartiéndose más de seis mil veces, parecía haber sido “descompartida” en un 50% parecía que la mitad de usuarios de las redes sociales que nos apoyaron, de pronto habían cambiado de opinión. Hubo periodistas que venían siguiendo nuestro reclamo y al enterarse de la respuesta que obtuvimos nos abren las puertas de sus estudios y pudimos a través de ellos dirigirnos a los tapatíos para dar a conocer nuestra exigencia de transparencia y estricto respeto al debido proceso y a la rendición de cuentas.

El efecto no se hizo esperar; diversos periodistas hicieron propio el reclamo y aunado al anuncio que hace la Regidora María de los Ángeles Arredondo exhibiendo documentos en los que se demuestra que las cosas no eran cono venían diciéndolas el Presidente Municipal y algunos funcionarios, ocurre lo impensable: el Ayuntamiento debe admitir lo que ya era evidente y se ve forzado a replantear el proyecto de intervención debido a que la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado no ha emitido aún el aval necesario a los estudios de diagnóstico a los que está obligado a presentar el Gobierno Municipal. A pesar de ello, en Comisiones algunos regidores ya aprobaron varios millones de pesos adicionales a los ocho millones que costaría restaurar la Minerva.

Si bien es cierto que todo bien mueble o inmueble requiere de trabajos de mantenimiento preventivo o correctivo, también es cierto que existen métodos y procedimientos establecidos en nuestras Leyes y Reglamentos para poder llevarlos a cabo. Esa es la parte medular de todo este asunto: los gobernantes son los primeros obligados en apegarse a lo que la Ley les faculte, no deben entonces adecuar los métodos a como les resulte más benéfico.

Destaca además la influencia que los medios de comunicación tradicionales como prensa escrita, radio y televisión ejercen en el público; no todo lo viral es auténtico, ni todo lo auténtico llega a mantenerse viral. Las redes sociales pueden mostrar una fotografía instantánea, los medios muestran la radiografía de la verdadera opinión pública.

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