La ciudad y su expansión

La ciudad y su expansión

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Por: Mtro. Ricardo Alvirde Sucilla
Consejero Presidente de la
Sociedad Histórica, Cultural y Patrimonial
de Guadalajara A.C.

Guadalajara crece cada día más; cada día vemos cómo la mancha urbana se extiende y se desparrama más allá de lo que hubiéramos deseado o imaginado siquiera. Desde su fundación en 1542, nuestra ciudad fijó algunos límites que se respetaron por poco más de cuatrocientos años, al Norte, la ciudad llegaba hasta la Barranca de Belén, es decir: apenas unos metros después del Hospital Civil; al Sur, el Agua Azul era la lejana frontera; al Poniente, Guadalajara remataba en el Convento del Carmen y al Oriente la ciudad llegaba apenas a lo que hoy conocemos como la Plaza de la Bandera. Cabe decir que el territorio comprendido entre estos puntos no se encontraba del todo ocupado, la antigua cartografía muestra caseríos dispersos que se consolidaban en lo que hoy es nuestro Centro Histórico. Estaba también el barrio de Mexicaltzingo que los españoles habían establecido al sur del arroyo del Arenal y el barrio de Analco, tras la vega del río San Juan de Dios; ambos barrios fueron creados para aquellos indigenas que servían a patrones europeos pero que había que mantenerlos apartados de ellos con agua de por medio.

En 1863 todavía seguían los mismos linderos; al borde de la ciudad estaban las garitas que controlaban lo que entraba y salía: la garita de Buenavista muy cerca de donde hoy se localiza el monumento a la Madre; la garita de San Andrés muy cercana al templo de la Concha, la garita de San Pedro que desapareció para ceder su lugar a la Plaza de la Bandera; la garita de Mexicaltzingo en lo que hoy sería el cruce entre Colón y Francia; la garita de Santa Ana que quedó por donde se encuentran las vías del tren; la garita del Carmen que hoy es el cruce de Av. México y Alfredo R. Plascencia; la garita de Zapopan en el cruce de avenida de los Maestros y Andrés Terán y la garita de Mezquitán en lo que hoy sería avenida de los Maestros y Federalismo. Cada salida de nuestra ciudad contaba con su garita y hoy se perdieron entre el asfalto y nuevas construcciones.

Todavía en 1942, cuando la ciudad cumplió sus primeros cuatrocientos años, podemos ver en una fotografía aérea cómo la ciudad se mantenía dentro de esos márgenes; si bien es cierto que los tapatíos mantenían una estrecha relación con los vecinos de San Andrés, con los de San Pedro, con los de Mezquitán, estos eran todavía pequeños poblados a los que se llegaba luego de recorrer cierta distancia que les permitía conservar una forma de vida semi-rural, gente de hábitos sencillos y dedicados a labores agrícolas.

En la década de los 50´s se comenzó a probar un nuevo modelo de vivienda vertical; las unidades habitacionales promovidas por instancias gubernamentales como Pensiones del Estado o el ISSSTE comenzaron a aparecer en Guadalajara y significaron una opción de vivienda para los empleados de gobierno o maestros que se encontraban en puntos distintos de la ciudad, edificios de departamentos que no rebasaban los cinco niveles y que contaban con locales en donde se establecieron comercios que los abastecían de lo necesario.

En esa misma década y en la siguiente comienzan a aparecer las grandes y anchas avenidas motivadas por la ampliación de las céntricas Alcalde/16 de Septiembre y Juárez. Nace la carretera nueva a Zapopan que hoy es la avenida Ávila Camacho; la avenida de la Juventud que hoy es la Prolongación Alcalde; la avenida de los Ingenieros que se convirtió en la av. López Mateos; el boulevard a Tlaquepaque; la avenida Revolución que implicó la ampliación de la antigua calle Catalán y su prolongación hasta la carretera a Los Altos; nace también la Avenida México, se pretendía incluso la expropiación de las manzanas comprendidas entre la calle Juan Manuel y San Felipe hasta su remate con la avenida Alcalde para crear un nuevo eje Centro-Poniente pero la idea se descartó. También se amplió la avenida Hidalgo para alinearse al paño del Palacio Municipal que estaba recién terminado. Se propone además en esa misma época una arteria que rodeara buena parte de la ciudad a la que se le llamó Circunvalación y se le añadieron las denominaciones “Agustín Yáñez”, “Santa Edwiges”, “Providencia”, División del Norte”, “Dr. Atl” y “Oblatos”; aunque la idea fue modificada poco tiempo después y la intención de ese circuito interior no está del todo conectada; es a finales de los 60 cuando se traza también el circuito Patria también sin concluir como segundo circuito interior y abrazando a toda la ciudad se trazaba el Anillo Periférico al que muchos gobernantes olvidaron por que no pudieron anticipar la importancia que tendría esta vía.

La segunda mitad del siglo XX significó para la ciudad la era de la expansión, llegaron los fraccionamientos lejanos como Chapalita, Jardines del Bosque, Providencia, Residencial Victoria, Colinas de San Javier, El Palomar, Bugambilias, Vallarta San Jorge, Monraz y algunos más que contribuyeron a que las familias se alejaran del centro; los siguientes sesenta años continuó ese despoblamiento propiciado por la aspiración a respirar otros aires menos contaminados a los que se respiran en el Centro; sin embargo, esa búsqueda por mejor calidad de vida generó que la ciudad se dispersara cada vez más; los recorridos se hacían cada vez más largos, los autos llenaron las calles y paradojicamente, los camiones urbanos se hicieron más pequeños y las rutas que cubren son cada vez más torpemente trazadas sorteando laberintos para llegar cada vez más tarde y con más complicaciones.

En las décadas siguientes a los 70´s Guadalajara se envolvió en el furor de la vivienda de interés social; comenzaron a aparecer conjuntos habitacionales con mini viviendas y mini áreas verdes; sus desarrolladores pensaron que por ser vivienda para trabajadores solo era necesario que cupieran los muebles básicos en donde pudieran dormir; creyeron que la campaña gubernamental de “la familia pequeña vive mejor” y redujeron los espacios confinando a todo lo que pueda caber en 90 metros cuadrados o menos; había que sacarle más provecho al terreno y vinieron las casas duplex y los departamentos en los que hacinaron a 16 familias por edificio; esos multifamiliares fueron sembrados en Zapopan, en Tlaquepaque, en Tonalá y se expandieron devorando cualquier posibilidad de espacio público que pudiera haber, lo poco que quedaba fue donado para templos y los que fueron alguna vez módulos para policía, lecherías de LICONSA u oficinas de correos terminaron abandonados y absorbidos por vivales que se apoderaron de ellos para uso comercial.

El modelo de vivienda popular toma otro matiz; terrenos agrícolas en El Salto, Tlajomulco y Zapopan se convierten en cotos en donde el régimen de condominio jamás ha podido resolver el elemental mantenimiento de esos conjuntos; la ciudad se desborda hacia donde la voracidad inmobiliaria la lleve, las áreas de cesión para espacios verdes se reducen a camellones que nadie atiende ni nadie vigila; los créditos se vuelven cada día más difíciles de pagar y se abandonan miles de casas en toda la zona metropolitana, la mitad de la ciudad se renta y la otra mitad se pone en venta.

Ahora aparece una nueva moda; levantar torres en aquellos rumbos que en los años 60´s surgieron como residencias de alto valor; debido a que muchas de ellas se convirtieron en opciones poco accesibles para seguir teniendo un uso unifamiliar, se comenzaron a construir multifamiliares de lujo; Country Club, Providencia y otras colonias se olvidaron de la baja densidad; incluso la industria que se estableció cercana a las vías del tren por avenida Inglaterra está cambiando su vocacionamiento hacia lo residencial vertical sin dejar de mencionar la proliferación de torres frente a Plaza México en el que fuera un pequeño bosque dentro de la propiedad de don Jorge Dipp Murad.

Nos expandimos y al mismo tiempo apilamos la vivienda en cinco, diez, quince níveles; el horizonte tapatío cada vez muestra una nueva torre elevándose para satisfacer esa nueva afición por vivir en las alturas.

¿Que se nos ocurrirá en la próxima década?

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