La biología, la causa de comer sin hambre

La biología, la causa de comer sin hambre

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Un equipo de Estados Unidos estudió cuántos caramelos y aperitivos salados podían consumir los niños

después de una comida y observó que los que más dulces ingerían y se quejaban cuando les sacaban los caramelos tenían más chances de engordar que los niños que preferían los productos salados o que no hacían berrinches.

La explicación estaría en la biología porque ninguna de las diferencias en la familia o la vivienda pudo dar respuesta a por qué algunos niños deseaban consumir azúcar, según explicó la doctora Julie Lumeng, pediatra especializada en desarrollo y conducta del Hospital de Niños C.S. Mott de University of
Michigan, Ann Arbor.

“Probablemente, esta conducta es innata”, indicó Lumeng por e-mail. Con su equipo hizo varios experimentos con alimentos en un grupo de 200 niños de 21, 27 y 33 meses. Todos eran de familias de bajos ingresos con subsidios para la atención de la salud, la compra de alimentos y la educación inicial.

Los autores les pidieron a las madres que les cocinaran el almuerzo habitual. Cuando terminaron de comer, el equipo le puso sobre la mesa un plato con dos galletitas con chips de chocolate Chips Ahoy, dos Oreos, cinco galletitas Keebler, dos galletitas Chips Ahoy arcoiris, dos galletitas Keebler cubiertas con
chocolate, 10 papas fritas Pringles y 10 snacks de queso Frito-Lay Cheetos.

Los niños comieron la cantidad deseada durante 10 minutos, cuando el equipo les retiró el plato para evaluar las reacciones y el consumo. Aquellos que más calorías y dulces habían comido a los 27 meses eran más propensos al sobrepeso que los niños de 33 meses, según publican los autores en Pediatrics.

Los varones, los niños más grandes y los hijos de las mujeres con mayor educación formal eran más propensos a comer snacks después del almuerzo.

Como el estudio se hizo en las casas de los niños, las diferencias entre los almuerzos podría haber influido en los resultados, pero a la vez aporta resultados más cercanos a la realidad.

La pobreza también puede influir en los hábitos alimentarios, en especial en los niños sin comida suficiente o que no siempre acceden a alimentos saludables, según comentó la doctora Lenna Liu, pediatra de la Facultad de Medicina de Universidad de Washington y del Hospital de Niños de Seattle.

“Hay que limitar, pero no restringir exageradamente el acceso a los dulces”, dijo Liu, que no participó en el estudio.

“En especial, hay que reducir el consumo de bebidas azucaradas, como las gaseosas o los jugos, y reemplazarlas por agua o leche descremada.”

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