Impuesto Verde: Porqué no y cómo sí?

Impuesto Verde: Porqué no y cómo sí?

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Por: José Ángel Gutiérrez.

La propuesta presentada por el Observatorio Ciudadano de Movilidad de crear un Impuesto Verde -mal llamado en origen Tenencia Verde, por todos los negativos que ese nombre carga consigo- fue, como era de esperarse, mal recibida por la ciudadanía.

Nadie quiere, más allá de cualquier argumento que le expongan, pagar más impuestos. Por eso se llaman así: impuestos.

Pero llámesele como sea, partiré por señalar que un impuesto verde con el objetivo de inhibir el uso excesivo del automóvil, abatir la contaminación y mejorar el transporte público -garantizando que sí sea para ello- es más que necesario, urgente.

Y no se trata de inventar el hilo negro. Medidas similares se aplican en el Mundo entero. Desde hace más de cinco años, por lo menos 21 países cuentan con sanciones fiscales para quienes operan fuentes de contaminación, entre las que debemos de incluir el automóvil.

Pero ojo: además de sanciones existen incentivos y en eso deberán también poner enjundia los promotores de las nuevas medidas, para que los incrédulos ciudadanos no se queden con el mal sabor de boca y la idea de que solo es una medida recaudatoria.

En paralelo, deberán garantizarse los candados suficientes para evitar que algún político mal intencionado se aproveche y termine utilizando ese dinero para otros fines ajenos a los previamente referidos.

Vámonos a algunos ejemplos de países en los que desde hace años aplican sanciones fiscales relacionadas con los vehículos:

En Japón son numerosas e incluyen el aceite y el petróleo. También cuentan con gravámenes al gas e impuestos relacionados con el tamaño del vehículo, tipos y uso.

En Estados Unidos (como Japón), han llegado a ofrecer un crédito fiscal, para los vehículos de combustible alternativo.

El Reino Unido tiene un enfoque de impuesto ecológico equilibrado entre penalizaciones e incentivos. Además de participar en el Sistema de Comercio de Emisiones de la Unión Europea, el Reino Unido aplica la tasa del cambio climático, un impuesto medioambiental que grava la electricidad, el gas, los combustibles sólidos como el carbón y el gas licuado de petróleo”.

Los automóviles de empresas en el Reino Unido, cubren impuestos con tasas determinadas por el tipo de vehículo, de combustible o las emisiones de CO2.

Y el impuesto verde, de hecho, va más allá del solo automóvil.

En México, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), a través del “Primer Índice de Presupuestos Verdes” realizado en 2011, reveló que los 31 estados y el Distrito Federal gastan muy poco en acciones verdes: Puebla (4.57%), Durango (2.95%), Distrito Federal (2.57%), Estado de México (2.34%) y Nuevo León (2.13%) fueron los cinco Estados mejor puntuados en el análisis. En contraste, Quéretaro se colocó como el Estado con mayor problemática de transparencia pues no pudieron asignársele recursos públicos en pro de la sustentabilidad, le seguían Tamaulipas (0.9%), Veracruz (10%), Chiapas (14%) y Oaxaca (15%).
El resultado global fue que en México se realizaban por parte de los Estados 856 acciones verdes con una inversión de más de ocho mil millones de pesos, reitero en 2011.

Pero hoy en día los automovilistas debemos aceptar que si queremos mantener la “comodidad” que representa trasladarnos en vehículo particular, es necesario que abonemos a resarcir parte del daño que provocamos. Las fuentes móviles son altamente contaminantes.

Y a la par, debemos abonar para que aquellos ciudadanos que no tienen acceso a un auto, puedan moverse con seguridad, ya sea en transporte público o no motorizado. Y para ello se necesitan recursos.

Podemos seguir exigiendo que las autoridades hagan algo, o comenzar por aceptar que parte de la responsabilidad por una ciudad contaminada, con embotellamientos por todos lados y un transporte público ineficiente, también es nuestra.

Solo restará estar atentos y exigir que todo lo que se ha dicho, se cumpla. Que cada año veamos nuevas rutas de BRT y Tren Ligero, que se rompa con el trágico círculo vicioso del pulpo camionero que no quiere un cambio en la materia, que los servidores públicos pongan el ejemplo y sean los primeros en cumplir.

Que la gente que menos tiene y hoy en día malgasta en un auto chatarra para moverse en esta ciudad, tenga alternativas dignas y seguras de transporte. Que la Zona Metropolitana de Guadalajara deje de estar tan contaminada y por ende, ofrezca mejor calidad de vida a quienes en ella habitan.

De ser así, valdrá la pena.

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