Hacer carrera es imposible: el nuevo mundo laboral, inseguro y precario

Hacer carrera es imposible: el nuevo mundo laboral, inseguro y precario

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Olvídese de un futuro seguro: los empleos de hoy ni siquiera ofrecen un presente que sea seguro. La era en la que se podía hacer carrera en una sola empresa en gran parte ha terminado, y las nuevas tendencias en los mercados laborales solo añaden ansiedad para aquellos que logran ser contratados. Este “precariado” es una realidad en EEUU que se extiende poco a poco por el mundo y a la que muchos culpan del estancamiento secular que vive la economía global.

En buena medida, quien consigue hoy un trabajo no se va a encontrar con nada parecido a lo que era un empleo antes. El arquetipo de estos nuevos trabajos es el de conductor de Uber, pero afecta a todo el espectro de empleos, desde contratos para diseño gráfico hasta peones de fábrica que contratados a través de agencia de empleo.

La pregunta es: ¿cuántos empleos nuevos entran en esta categoría? Todos. O por lo menos, todos los puestos nuevos netos -más de 9 millones- que se han creado en Estados Unidos desde el año 2005, según un estudio realizado este año por Lawrence Katz y Alan Krueger de las universidades de Harvard y Princeton.

Y este cambio de paradigma tiene consecuencias, y se puede pensar que es otra de las causas de la revuelta electoral de este año, munición para el argumento de que algo está básicamente mal en la economía. A una gran parte de los estadounidenses le gusta la flexibilidad que se da en el nuevo mundo laboral, pero son aún más los que están allí involuntariamente y que se dan cuenta de que su ingreso es volátil y los beneficios, difíciles de conseguir.

“Esto pasa a formar parte de la creciente inseguridad y, en muchos casos, de la ira”, dijo Katz. “En especial, para los trabajadores que perciben salarios bajos o medios, el tipo de situación en la que uno tenía la aspiración de tener un trabajo más permanente con un empleador que le diera una mejor remuneración, pero ese tipo de empresas cada vez subcontrata más”.

La tasa de paro de Estados Unidos, actualmente en el 5%, está cerca de lo que se podría denominar pleno empleo. Pero si se analiza al detalle el estado del mercado laboral, no sorprende que el sentimiento de agravio esté impulsando las candidaturas presidenciales de Donald Trump y Bernie Sanders, con discursos mucho más radicales.

Entre los datos que ensombrecen el panorama, un crecimiento raquítico de los salarios, una participación en el mercado laboral cada vez más baja y cada vez más gente con empleos a tiempo parcial a pesar de querer un empleo a tiempo completo. Cifra esta última que la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, calificó recientemente de “inusualmente alta”.

Empleos “alternativos” mal remunerados

Luego está, además, la naturaleza de las oportunidades que se han creado tras la Gran Recesión. Según el estudio citado, que fue actualizado en abril, la fuerza laboral está cada vez más compuesta por autónomos, empleados contratados a través de ETTs, subcontratados por otras compañías o los denominados empleados ‘on-call’, fórmula de empleo a tiempo parcial en el que no hay número de horas fijado.

Y estos cuatro grupos “alternativos”, que suponen en conjunto casi el 16% de la fuerza laboral, reciben salarios más bajos y trabajan menos horas que los empleados ‘normales’. Katz y Kreuger puntualizan que es necesario investigar más para conocer las causas de este cambio radical en el mercado laboral, pero ofrecen algunas sugerencias.

En primer lugar, podría ser el propio impacto de la Gran Recesión, lo que implicaría que el fenómeno es temporal. Pero si es la tecnología la que impulsa el cambio haciendo más fácil y barato que las compañías se limiten a subcontratar con un autónomo cualquier tarea, el cambio será más difícil de revertir.

Gene Zaino, de MBO Partners, cree que la combinación de ambas fuerzas es la responsable, y se beneficia de ello. Su empresa pone en contacto autónomos y empresas para tareas administrativas que van desde la facturación hasta los impuestos.

“Hemos estado a la orilla muchos años, pero de repente la ola nos ha golpeado”, explica. “Nuestros servicios son muy demandados. Las empresas, zarandeadas por la crisis, son cada vez más reacias a invertir el dinero que supone un empleado, mientras que la tecnología hace cada vez más fácil encontrar a alguien que le solucione la papeleta de manera más barata.

¿Es demasiado precario el mercado laboral?

De hecho, esta facilidad es casi demasiada, según algunos economistas: el poder negociador de las empresas y trabajadores se ha desequilibrado enormemente, con efectos importantes para el conjunto de la economía.

“La eliminación general de la capacidad de la gente de ganar un salario decente es lo que está provocando un crecimiento global más lento, lo que algunos llaman estancamiento secular”, asegura Lawrence Mishel, presidente del Economic Policy Institute. “Contribuye a esta política cabreada que tenemos ahora”.

Este problema de la calidad del empleo ha entrado de lleno en la campaña presidencial de EEUU, con la promesa de tomar medidas para que vuelvan los empleos de antes. Es un nuevo mundo en el que palabras como “precariado”, término que también se usa en Europa y que se discute a nivel académico como el nuevo “proletariado” del siglo XXI, son cada día más habituales.

Adam Cobb, profesor de la Wharton School de la Universidad de Pennsylvania, cree que este cambio está liderado fundamentalmente por los mercados financieros, que recompensan a aquellas compañías que tienen los mínimos activos posibles, incluidos los trabajadores.

Y las estadísticas económicas ni siquiera pueden medir la magnitud de la pérdida. “Estamos orgullosos de lo que hacemos y un buen trabajo da una narrativa a nuestra vida. Hay consecuencias sobre cómo pensamos sobre nosotros y nuestro papel en la sociedad una vez que perdemos la conexión con nuestro trabajo”, concluye Cobb.

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