Frases que deberías evitar decir a tu esposo

Frases que deberías evitar decir a tu esposo

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El matrimonio no es una relación cualquiera y si bien la honestidad debe imperar por sobre todas las cosas, a veces es más importante la diplomacia.

¿A qué me refiero? Sencillo: está muy bien decir la verdad, e incluso si no lo hicieras sí habría un verdadero problema; sin embargo, hay que desarrollar eso que pocas personas tienen llamado “tacto” si es que pretendes salir bien librada en el día a día en el hogar.

No se trata de que el matrimonio sea una dictadura, pero creo que quitarle la chispa y la originalidad sería como darle un balazo. Cuando se trata de la convivencia bajo un mismo techo, hay que tener muy presente que las parejas llegan al matrimonio con costumbres diferentes bajo el brazo, y que no siempre nuestras palabras pueden conseguir el objetivo que deseamos.

Tras dejar en claro la paridad que debe existir en cuanto a la manera en que se tienen que dirigir tanto hombres como mujeres en el ámbito matrimonial, en este artículo te comparto las cinco frases que no se le tienen que decir a un marido, así que, amiga, pon atención y toma nota:

1. Mi papá lo hace mejor

¡Boom!, estallido seguro. Un hombre necesita cometer sus propios errores al emprender cualquier acción (llámese instalar un clóset o arreglar una perilla). Está claro que el suegro correrá en auxilio de su hija y aunque exista una buena relación con el marido, nunca estará de más demostrar, por algunos segundos, quién es el hombre del hogar. En serio, mujer, por experiencia propia te digo que a veces es mejor que un especialista haga una reparación en tu hogar a pedirle el favor a tu papá, porque nos dejan sin manos.

2. No pedir las cosas por favor

O lo que es lo mismo: ser mandona las 24 horas del día. Cualquier cosa se pide por favor, así sea cerrar la puerta, encender el bóiler (calentador de agua), o cambiar de canal en el televisor. Ser imperativa termina por desgastar la relación y puede crear conflictos severos, además de profundos malentendidos.

3. “En mi casa lo hacíamos…”

Sí, sí, en tu casa lo hacían, pero esto es algo nuevo, una nueva historia y como tal tiene que escribirse día tras día. Está bien tomar algunas referencias, pero querer traer TODAS tus costumbres al nuevo techo, sin duda no será para nada saludable.

4. “Con ese hombre me hubiera gustado…”

Correcto, entendemos que estás hablando de un actor o cantante (cuidado, si te refieres al vecino o a una expareja); también se comprende que nunca está de más echarse un “taco de ojo”, no pasa nada; pero ahondar en detalles de que “con ese hombre te hubiera gustado” hacer quién sabe qué, pues resulta incómodo y es un golpe a la autoestima de tu esposo.

5. Tomar decisiones unilaterales

De nuevo, no se trata de que se tenga que pedir permiso: el marido no es el carcelero, pero sí hay que tenerlo en cuenta para ciertas decisiones, al menos pedirle una opinión. No hay nada más extraño y que enfade más que llegar a casa y encontrar en ésta una modificación de la cual no se tenía idea, o que se haya hecho un plan sin antes haberlo platicado.

Aunque ustedes, amigas, no lo crean, nosotros también tenemos nuestro corazoncito y también muchas ganas de mandarlas a ustedes a dormir al sillón cuando hacen algo de esto.

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