Emergencia: cambio de piloto

Emergencia: cambio de piloto

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Por: Carlos Anguiano Zamudio

La democracia en México ha venido avanzando aceleradamente y se encuentra en vías de consolidación de un sistema que incluso empieza a ser emulado en otras naciones del mundo. La participación de los ciudadanos en política se da a través de los partidos políticos, entidades de interés público, canales constitucionales de la participación en las instituciones representativas, determinando la política nacional y local, formulando programas de acción, promoviendo su participación y apoyo de candidatos en las correspondientes elecciones, realizando acciones de organización, capacitación y divulgación ideológica.

En contraparte, es innegable que la búsqueda de candidaturas ciudadanas es la nueva vía que pretenden implementar diversos grupos de activistas, organizaciones intermedias y la sociedad civil organizada. Esta nueva opción de activismo político y participación ha despertado interés popular, sumando apoyo y nuevos adeptos, convirtiéndose en expresiones dignas de ser tomadas en cuenta y positivas para el desarrollo cívico y la ampliación de la vida democrática.

Es evidente que los partidos políticos enfrentan un duro escrutinio público e intentan adaptarse al nuevo reclamo social, buscando como transformarse en estructuras más horizontales, defensoras de causas temáticas y emergentes, procurando durar y volver a ser atractivos para sumar adeptos, ampliar sus simpatizantes, consolidar sus bases militantes para procurar alcanzar y retener el poder y ejercer su ideología y plataformas en la conducción del gobierno.

En México hay diversas opciones de partidos políticos, con diferencias notables en sus postulados ideológicos, formas de estructurarse y ejercer su acción política, mecanismos de organización y actividades ordinarias. Acerca de los partidos políticos, numerosas encuestas y mediciones objetivas de la opinión pública han marcado como tendencia popular el descrédito, la desconfianza y la apatía como rasgos que han causado la reducción de su membresía afiliada y un adelgazamiento notable de su llamado “voto duro” como se aprecia en el análisis de los resultados electorales recientes.

Como consecuencia de los resultados electorales del 5 de junio pasado, así como por la proximidad de la elección presidencial de 2018, las maquinarias partidistas han comenzado a realizar ajustes necesarios, comenzando el gran juego electoral que mayores espacios de gobierno definirá, pues concurren con la elección de Presidente, Senado, Cámara de Diputados, la mayor elección de gobernadores de las entidades federativas realizada en el país postrevolucionario.

Atrae la atención poderosamente la renovación obligada del Partido Revolucionario Institucional, partido gobernante que postuló a Enrique Peña Nieto, ganador de la última elección presidencial de 2012.

El momento actual de la gestión de gobierno del Presidente Peña Nieto, muestra una descomposición acelerada de los índices de aceptación, popularidad y calificación de gobierno, la pérdida de confianza en las instituciones, el descrédito de los partidos en general, pero encabezada en el rechazo manifiesto por el PRI. A este gobierno le ha tocado enfrentar una crisis financiera que colapsó los mercados internacionales y colapsó el precio del petróleo, principal fuente de exportación y eje de la economía nacional, factor del desarrollo social y la creación de infraestructura del estado.

La paridad cambiaria negativa, el aumento de combustibles y energía eléctrica, la inflación que daña el consumo de alimentos encareciendo en general la vida cotidiana y la inseguridad pública que se extiende y escala en el uso de la violencia desde hace al menos 3 décadas con daños al tejido social menoscabando los valores en nuestra sociedad, la corrupción en diferentes niveles de gobierno y práctica común en el sector privado para obtener ventajas y privilegios de los gobiernos en turno, hacen un caldo de cultivo propicio para que la ciudadanía manifieste hartazgo, repudio y desesperanza.

En ese contexto que se agrava con la derrota electoral sufrida por el PRI en junio pasado, cuando perdió 7 gubernaturas de estados, la máxima derrota en dicho parámetro en una sola jornada, ante la renuncia de su experimentado y hábil dirigente nacional partidista, Manlio Fabio Beltrones, se obliga a la renovación anticipada de dirigencia, en un proceso que aún al ser imprevisto y anticipado, puede considerarse por su relevancia y trascendencia, como el inicio de la contienda por la presidencia de la República en 2018.

En razón de lo anterior, vale la pena destacar que a Enrique Peña Nieto, le ha tocado influir en el partido para la elección de cinco dirigentes nacionales en un período de apenas 56 meses, sin contar a quien será elegido en la elección extraordinaria del presidente sustituto del Comité Ejecutivo Nacional, para concluir el período estatutario 2015 – 2019.

Esta es la lista de Presidentes durante dicho lapso de tiempo: Lic. Pedro Joaquín Coldwell, del 8/12/11 al 30/11/12; Lic. María Cristina Díaz Salazar, del 30/11/12 al 11/12/12; Dr. César Camacho Quiroz, del 11/12/12 al 20/08/15; Lic. Manlio Fabio Beltrones Rivera, del 20/08/15 al 20/06/16 y Lic. Carolina Monroy, del 21/06/16 a la fecha.

La sesión electiva se realizará el martes 12 de julio por el Consejo Político Nacional, que es el órgano deliberativo de dirección colegiada, de carácter permanente, subordinado a la Asamblea Nacional, en el que las fuerzas más significativas del Partido son corresponsables de la planeación, decisión y evaluación política.

Es tiempo de cambios. La velocidad de la sociedad intenta ser alcanzada por los partidos políticos. Formas anquilosadas y prácticas de antaño deben ser superadas. La sociedad está vigilante, reacia a participar militando en los partidos políticos en general, pero ávida de involucrarse en la crítica y la denostación de abusos, excesos, errores y pifias de los gobernantes.

En México la elección de 2018 pone en contienda mucho más que la reputación de los partidos y de los actores políticos contemporáneos. Está en juego la preservación, transformación o extinción del actual régimen de partidos. Los liderazgos incipientes ciudadanos se aprestan a competir democráticamente en condiciones de aparente desigualdad, sin prerrogativas, sin apoyos institucionales, pero con gran ventaja al ser más atractivos, confiables, aceptables y convincentes ante un electorado cada vez más informado, con ánimo de castigo, inconforme y punzante.

Que gane la mejor estrategia y que sea para el beneficio social.

Por Carlos A. Anguiano Zamudio
www.inteligenciapolitica.org
@carlosanguianoz en Twitter

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