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Electrochoque: ¿tratamiento necesario o abuso psiquiátrico?

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Dos electrodos son colocados sobre el cuero cabelludo de Maricarmen para pasar una corriente eléctrica por su cerebro. La corriente es lo suficientemente fuerte como para inducir una crisis epiléptica.

Ella conoce bien este procedimiento, ha sufrido de depresión durante más de dos décadas.
“Cada tratamiento me permite volver a empezar. Es como si me quitaran un gran peso de encima. Creo que no habría sobrevivido si no fuera por esta terapia”, afirmó Maricarmen, una estadounidense de origen mexicano de 44 años que no quiso dar su apellido.

Prefiere mantener su nombre en reserva porque teme que si admite sus problemas mentales será perjudicada en el trabajo.

El tratamiento que ha venido recibiendo regularmente durante más de diez años –a veces cada cuatro semanas– es la terapia electroconvulsiva (TEC), también conocida como terapia por electrochoque.

Ha sido utilizado durante más de 80 años y es una de las terapias psiquiátricas más antiguas, aunque aún genera estigmas y controversia.

“Tratar una enfermedad psiquiátrica pasando una corriente eléctrica para inducir convulsiones no hará que el cerebro funcione mejor. Es por ello que hay un movimiento a nivel mundial para poner fin a estos abusos psiquiátricos”, opina Ted Chabasinski, quien recibió el tratamiento en el pasado y ahora impulsa una campaña contra “el horror del electrochoque”.

Se estima que este procedimiento –vital según algunos, salvaje e ineficaz según otros– es utilizado en cerca de un millón de pacientes en el mundo.

“Choque” al cerebro
Es difícil hallar estadísticas confiables sobre este tema porque, según los expertos, el uso de TEC no es reportado en muchos países.

“Cuando se introdujo este tratamiento en la década de 1930 se usaba para la esquizofrenia y la psicosis, pero ahora en Occidente se utiliza principalmente en casos de depresión y desorden bipolar severos”, explicó Kari Ann Leiknes, psiquiatra del Centro de Conocimiento de Servicios de Salud, Knowledge Centre for the Health Services, en el Instituto Noruego de Salud Pública.

“Nos sorprende que aún se utilice extensamente en los países en desarrollo para el tratamiento de la esquizofrenia”, dijo Leiknes.

Un millón de personas reciben el tratamiento cada año en el mundo, según un estudio de Leiknes titulado “Uso y práctica contemporáneos de TEC en el mundo”.

Muchos pacientes reciben de 6 a 12 tratamientos en un período de tres o cuatro semanas. Algunos no repiten la terapia pero otros lo hacen en intervalos regulares.

La Organización Mundial de la Salud, OMS, considera al electrochoque un “procedimiento mayor”, que como tal debe ser realizado sólo “cuando lo permite la ley local y cuando se considere que es la opción más adecuada para la salud del paciente”, y solamente cuando el paciente ha sido debidamente informado y ha dado su consentimiento.

“La única salida”
Para Jonah, un paciente de 17 con autismo severo, el electrochoque ha sido “un salvavidas”, de acuerdo a su madre.

Jonah ha sido tratado desde 2010 para controlar comportamientos agresivos, a veces contra él mismo.
En un episodio en la guardería rompió la nariz de su maestra. Fue hospitalizado durante doce meses a los nueve años y ha probado múltiples terapias.

“Decidimos probar la terapia electroconvulsiva porque sabíamos que ya había sido utilizada en menores como Jonah. Y él ha pasado de protagonizar episodios muy peligrosos de ira varias veces al día a no tener ninguno”, dijo la madre de Jonah, Amy Lutz, que tiene otros cuatro hijos.

Lutz, quien escribió un libro sobre la experiencia de su familia con TEC, dijo que los datos son persuasivos.

“Las investigaciones demuestran que entre el 64% y el 87% de los pacientes con depresión clínica responden a TEC, con índices de respuesta del 95% en el caso de pacientes con psicosis”, dijo Owais Trimizi, autor de un estudio de 2012 titulado “Terapia electroconvulsiva: cómo las técnicas modernas mejoran los resultados para los pacientes”.

Para Jonah, los efectos secundarios han sido mínimos y puede incluso ir al colegio el mismo día que recibe el tratamiento.

“Para nosotros ha sido transformador. Es lo único que ha hecho posible que Jonah esté en casa, ande en la calle y vaya a la playa. No hay ninguna duda en mi mente de que sin el tratamiento estaría mucho peor”, dijo Lutz.

Maricarmen, por su parte, sufre de una desorientación menor en las semanas posteriores a la terapia y dice que los efectos secundarios son fáciles de manejar.

“Lo que no entiendo es qué la gente que está en contra del electrochoque quiera que lo prohíban. ¿Por qué no ven primero que para algunos de nosotros es la única opción?”, señaló.

“Por supuesto que no optamos por esta terapia a la ligera. Es como culpar a la quimioterapia por sus efectos secundarios severos cuando la verdad es que la enfermedad que se busca combatir con ella, el cáncer, es mucho, mucho peor”.

“Arruinó mi vida”
Los críticos del electrochoque señalan que las investigaciones médicas han ignorado sistemáticamente los efectos negativos de la terapia durante más de 40 años. Organizaciones como Justicia TEC, ECT Justice, y el Proyecto Legal por los Derechos Psiquiátricos, Law Project for Psychiatric Rights, han lanzado campañas internacionales para que se prohíba el tratamiento.

Muchos de quienes se oponen a esta terapia son expacientes que experimentaron problemas con el habla o pérdida de memoria o habilidades matemáticas.

“He perdido 25 años de mi vida, tengo enormes lagunas en mi memoria. Le dijeron a mi esposo que los efectos serían temporales, pero nunca recuperé los recuerdos perdidos”, dijo Loretta Wilson, quien no respondía a tratamientos con medicamentos y recibió terapia de electrochoque desde mediados de los 90 hasta el año 2000.

Wilson puede ahora coser y tejer, sus hobbies de antes. Y puede aprender nuevas habilidades, pero perdió la capacidad de reaprender muchas cosas que sabía hacer en el en pasado, según dijo.

“Cada sesión era un experimento, los doctores no sabían cuál sería el resultado. Recuerdo que fue una experiencia aterradora, tan horrible como habría sido para un hombre que lo castraran”, dijo Wilson.

Deirdre Oliver, otra expaciente que recibió 20 sesiones en 2010, señaló: “Lo peor de todo es que no recuerdo a mis hijos creciendo. No me acuerdo de cuando se graduaron o cuando compitieron en deportes. Mis hijos se convirtieron en extraños y nuestra relación se vio muy afectada”.

La reacción adversa más prevalente es la pérdida de memoria, según estudios, aunque muchas investigaciones describen esta consecuencia como temporal. La pérdida de recuerdos personales persiste sólo en unos pocos de cada mil pacientes, aseguró el investigador Jan Otto Ottosson en la publicación Psychiatric Times.
Modificado y consensual

Algunas de las críticas más fuertes contra el TEC tienen que ver con la forma en que es utilizado en los países en desarrollo.

En los países industrializados, los servicios de salud suelen recomendar el uso de anestesia o relajantes musculares antes del choque, para que los pacientes no sufran espasmos o lesiones asociadas a las convulsiones como fracturas óseas o daños en tendones o dientes.

El procedimiento ha venido siendo modificado en Europa y Estados Unidos durante décadas, asegura Leiknes. Pero la situación es desoladora en otros países, en el que el “TEC sin modificaciones”, como se conoce a la versión antigua del tratamiento, sin anestesia ni relajantes, es utilizada ampliamente.

La OMS señala que cada paciente debe ser informado debidamente sobre la terapia y dar su consentimiento, salvo que esté demasiado enfermo como para hacerlo.

Sin embargo, muchos países no aplican esta recomendación.
El tratamiento sin modificaciones es utilizado aún en Japón, Rusia, China, India, Tailandia, Turquía y muchos otros países de bajos ingresos, según investigaciones citadas por la Asociación Psiquiátrica Mundial, World Psychiatric Association, WPA.

Las estadísticas sobre este tema o no son recientes o son escasas, pero, a modo de ejemplo, un estudio de 2003 señala que el 57% de los electrochoques en Japón fueron administrados con la forma antigua de la terapia.

En Rusia, otro estudio nacional de 2005 reveló que menos del 20% de los tratamientos de TEC fueron dados con anestesia. Rusia es el único país de Europa en el que hay datos de un uso tan importante de la terapia no modificada, aunque también hay informes de estos tratamientos en Turquía y España.

Estigma
En un estudio de 2010, el psiquiatra tailandés Worrawat Chanpattana encontró que el 56% de los pacientes en 14 países de Asia habían recibido TEC sin relajantes musculares o anestesia.

En Tailandia, en particular, el tratamiento no modificado fue usado en el 94% de los hospitales relevados. En India, uno de los países con un uso más extenso de TEC, un estudio mostró que aproximadamente la mitad de los electrochoques administrados fueron sin relajantes o anestesia.

En América Latina, apenas el 26% de los países informó del uso de anestesia en las terapias electroconvulsivas. Y sólo el 37% cumplió con la recomendación de que todas las instituciones exijan un consentimiento informado de los pacientes.

Si bien los datos disponibles a nivel regional datan de hace más de una década, un porcentaje impactante, el 26% de los países relevados, dijeron que el consentimiento “nunca se obtuvo” antes de las sesiones.
Entre los justificativos dados para no usar relajantes o anestesia se citan “situaciones de emergencia, falta de anestesistas o equipo, o que el procedimiento antiguo es más seguro, según el informe de la WPA.

Castigo
El problema, dicen los expertos, es que TEC es utilizado en forma indebida para controlar pacientes díscolos en algunas instituciones.

“Yo he sido testigo de cómo esta terapia es usada como castigo”, señaló Oliver Lewis, director de Mental Disability Advocacy Center, MDAC, una ONG internacional que defiende los derechos humanos de personas con dificultades cognitivas.

“¿Qué le pasa a los pacientes que se portan mal?, pregunté a un grupo de estudiantes de enfermería en un hospital psiquiátrico en India”, relató Lewis.

“‘Al otro día les dieron electrochoque’, me respondieron”, afirmó.

Tanto Naciones Unidas como la OMS han llamado a que se prohíba la administración de electrochoque sin consentimiento del paciente, que se considera una forma de tortura.

A diferencia de algunos críticos que piden una prohibición total, instituciones médicas ven la terapia como un tratamiento necesario para un grupo específico de enfermedades mentales.

Pero la legislación debe ser actualizada para garantizar los derechos de los pacientes, según Kari Ann Leiknes.

“La legislación varía mucho de un país a otro. Hay lagunas legales y leyes que no se respetan”, afirmó.
“Los aspectos legales del electrochoque deben ser revisados. Y las guías clínicas para los médicos deben ser claras. Aún queda mucho por debatir”.

1930- Comienza a usarse la electricidad para tratar enfermedades mentales luego de que psiquiatras en Europa constataron que algunos pacientes esquizofrénicos mejoraban luego de una crisis epiléptica. Los psiquiatras esperaban que pasar una corriente eléctrica en el cerebro podría tener un efecto similar.

1938- El neurólogo italiano y experto en epilepsia Ugo Cerletti, junto al psiquiatra Lucio Bini, adaptaron técnicas de electrochoques usadas con animales para crear un tratamiento para crear la terapia electroconvulsiva, TEC.

Década 1950- Avances tecnológicos en electrónica durante la Segunda Guerra Mundial hacen más seguro al electrochoque. Se introduce la anestesia y los relajantes musculares.

Década 1960- El electrochoque es usado ampliamente para tratar una variedad de enfermedades.

Década 1970- En este período, un número creciente de pacientes y psiquiatras comienza a criticar el uso de la terapia electroconvulsiva.

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