El rumor y la certeza

El rumor y la certeza

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Por: Carlos Anguiano Zamudio

Estamos en un tiempo caracterizado por la infoxicación, esto es, día con día, somos receptores de mucha más información de la que somos capaces de procesar. A través de múltiples canales de comunicación, humanos, gráficos, audio visual, electrónicos, de gran formato, medios de comunicación tradicionales, redes sociales y medios alternativos, nuestro cerebro es abrumado por tal cantidad de datos, cifras, nombres, fechas, emociones, recuerdos, que provoca que nuestra percepción tenga que ser sesgada, se discrimine información, se opaque nuestra visión de los hechos y nuestros análisis se vuelvan poco objetivos, superficiales y ausentes de certeza.

Aún sin percatarnos de ello, somos impactados por mensajes lanzados premeditadamente para influirnos, ideologizarnos, convencernos o confundirnos, sembrar inquietudes, allanar decisiones futuras, estabilizar o desestabilizar nuestra convivencia y conducta cotidiana, y por supuesto, para procurar que líderes, organizaciones o personajes incrementen su poder de decidir el destino colectivo.

La política ha invadido nuestros espacios sociales e incluso los privados. Hoy como nunca antes, tenemos a nuestro alcance un gran caudal de información noticiosa, propaganda política, campañas de mercadotecnia comercial o política y conversaciones dialógicas que han vuelto a la política una compañera inseparable de nuestra vida ordinaria, una sombra que nos sigue a todas partes.

Vivimos una época caracterizada por el exceso del rumor y la ausencia de la certeza. Es tan fácil llegar a un público masivo gracias al poder de las redes sociales, que se han aprovechado los actores del poder para utilizar viejas herramientas revestidas de formas nuevas, para manipular silenciosamente y sin encontrar prácticamente ninguna resistencia a una sociedad crédula de lo primero que conoce, renuente a hacer algún esfuerzo por confirmar fuentes, que no se esfuerza por comprobar la veracidad de la información.

Por eso se ha multiplicado el uso del rumor, que es una proposición relacionada con los acontecimientos cotidianos, transmitida de persona a persona con el objeto de que todas crean en él, sin que existan datos que permitan verificar su exactitud y certeza. Es un fenómeno social complejo, pues su trascendencia es invasiva y el grado de dificultad para propagarlo es mínimo. Se precisan al menos dos personas para crearlo y una sola para poder difundirlo. En contra sentido, según la Real Academia de la Lengua Española, certeza es el conocimiento seguro y claro de algo. Es la firme adhesión de la mente a algo conocible, sin temor de errar. Y la política contemporánea hace crisis por estar revestida de rumores y desnuda de certezas.

El contexto político actual en México exhibe la ligereza con la que se recurre a lanzar rumores, descalificaciones, calumnias, ataques anónimos, guerra sucia y campañas de desprestigio dirigidas a debilitar gobernantes, futuros candidatos y actores políticos emblemáticos. Lamentablemente, los ciudadanos comunes nos hemos auto impuesto una cultura de lo sencillo, rechazamos el hábito de leer, renunciamos a constatar, a cuestionar, somos fáciles víctimas de la mercadotecnia, de la publicidad, de la propaganda, de esfuerzos intencionales de persuadir de lo que al emisor le conviene. En el ritmo de vida cotidiana, nos olvidamos de utilizar concientemente la contrasuación, o sea, la opción de resistir los intentos y anular los efectos de la persuasión.

La psicología del rumor inició su campo de estudio en los rumores de guerra, a partir de 1942. Desde entonces se han considerado como noticias improvisadas, de discusión colectiva, relacionados con acontecimientos cotidianos, intangibles, que alteran las relaciones sociales y tienen una gran influencia en las bolsas de valores y en la política. En la competencia por los mercados, votos y cuotas de poder, son utilizados como armas peligrosas, Han sido, son y seguramente serán, causa y motivo de guerras. Como atajo mental, la gente pretende aceptar a los rumores como explicaciones.

Los partidarios del rumor, sin importar del partido que provengan o el interés político que persigan, deben considerar en congruencia ética, que la guerra sucia, las calumnias la propaganda negra y las campañas de desprestigio una vez en circulación, se multiplican sin control, recorren la sociedad y marcan la realidad, llenan los vacíos de comunicación y exhiben la falta de noticias oficiales. Estas prácticas nocivas, ilegales e ilegitimas presagian inestabilidad y tensión social, causando estragos que superan al cálculo previsto de daños, y afecta en efecto boomerang al emisor, en ocasiones, con mayor trascendencia que el de la supuesta víctima, que puede esquivar o controlar sus consecuencia.

Cada idea tiene arraigo en un grupo determinado; cada rumor tiene su “público” dispuesto a creerlo y propagarlo. Enrarecer el ambiente soltando rumores se hace sabiendo que el frasco de los votos no se llena sólo con lo racional. Para que se complete, hay que añadir placer y dolor, emociones y sentimientos. El voto racional se corta en un punto, a partir del cual, ya no crece más. Una máxima maquiavélica sentenciaba “miente, que algo queda”. Desmentir un ataque negro, una mentira o calumnia no será noticia, pues no despierta el mismo interés que el rumor. Por lo tanto, no será difundida de la misma forma por ningún medio. En casa de cristal, lanzar piedras nos afecta a todos.

www.inteligenciapolitica.org
@carlosanguianoz en Twitter

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