El miedo a los animales en la infancia

El miedo a los animales en la infancia

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Girl with dog and homework

El miedo a los animales es un problema frecuente. El niño conoce el miedo desde su más tierna infancia, un sentimiento positivo que le permite protegerse contra muchos accidentes. Pero ¿cuándo se convierte el miedo en un sentimiento anormal? Establecer la frontera no es fácil.

Podemos decir que el miedo es un mecanismo normal de defensa que se vuelve patológico cuando va acompañado de angustia. Algunos miedos son espontáneos y otros los transmiten los propios padres.

Los miedos arcaicos
El miedo es un sentimiento provocado por la presencia de un objeto o una persona que el niño, con o sin razón, considera peligroso. Los miedos arcaicos (Freud) son prácticamente constantes: miedo a la oscuridad, a la soledad, a los desconocidos, a los objetos nuevos, a las situaciones insólitas, a los perros…

Cuando el miedo se dispara sistemáticamente en presencia de una situación concreta –siempre la misma– o de cualquier otra cosa objetivamente inofensiva hablamos de fobias. Estas aparecen por lo general en torno a los cinco o seis años.

Algunos miedos son tan frecuentes que llegan a convertirse en normales. La ausencia de miedos entre los dos y los cinco años puede esconder una patología: las personas con un retraso mental, por ejemplo, no sienten miedo. El recién nacido tiene miedo de los ruidos y de los ruidos repentinos, y el niño muy pequeño de que lo separen de sus padres. El miedo a los desconocidos aparece hacia los ocho meses.

A la edad de un año el bebé tiene miedo de los ruidos (del aspirador, la batidora, el teléfono, etc.). A los dos años los ruidos violentos siguen produciéndole temor (la sirena de las ambulancias, la cisterna del baño, los ladridos de perro, etc.). Hacia los tres años el niño empieza a tener miedo de los animales, sobre todo si no tiene mascotas en casa. El miedo puede causarlo el propio animal, que, agresivo o celoso, puede manifestar signos de hostilidad reprensibles. Si el animal se comporta de manera peligrosa es mejor deshacerse de él.

Un miedo que desaparece progresivamente
Sin embargo, lo más frecuente es que el niño sienta un miedo injustificado hacia el animal. Algunas actitudes de los padres incrementan el temor en los hijos, motivo por el cual es necesario evitar advertencias del tipo “¡si no haces lo que te digo el perro te comerá!”.

Cuando el niño tiene miedo de nada sirve ridiculizarle, castigarle o hacerle burla. Convencerle de que su miedo no tiene razón de ser o intentar que se acerque al animal tampoco funcionará. El niño necesita contar con la comprensión de los padres.

Hay que intentar que se acostumbre poco a poco a las cosas que le dan miedo. Al principio puede mirar al perro de lejos, u observar a otros niños jugar con él despreocupadamente. El miedo a los perros no es selectivo, todas las razas le asustan. Forzar al niño a que acaricie al animal no tiene sentido; es mejor contarle historias donde los héroes son perros buenos y valientes. El miedo desaparecerá progresivamente a no ser que haya sido provocado por una agresión.

El miedo a los gatos es más raro. La llamada ailurofobia provoca palidez, náuseas y crisis de nervios en quien la sufre. Algunos personajes célebres temerosos de los felinos fueron Julio César, Enrique III, Carlos IX y Napoleón.

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