El dodo no era un pájaro bobo

El dodo no era un pájaro bobo

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El dodo es un ave no voladora ya extinguida que tenía el tamaño de un pavo, cabeza grande, pico ganchudo y patas robustas y que habitaba en Isla Mauricio (océano Índico) Su nombre, del portugués doudo, la etiquetó como pájaro bobo, pero resulta que tenía el cerebro de un ave razonablemente inteligente como una paloma.

Los científicos analizaron el cráneo de un dodo conservado en el Museo de Historia Natural de Londres y descubrieron que el tamaño de su cerebro no era inusualmente pequeño, sino que correspondía a su tamaño corporal. Incluso creen que pudo haber tenido un sentido del olfato superior al de la mayoría de las aves, con el que probablemente olfateaba la fruta madura para comer.

La investigación, publicada en la revista Zoological Journal of the Linnean Society, sugiere que el dodo, en lugar de ser un ave estúpida, contaba al menos con la misma inteligencia que los demás miembros de la familia de los Columbiformes, como la paloma.

«Si tomamos el tamaño del cerebro – o más bien, el volumen, como medimos aquí – como medida de la inteligencia, entonces el dodo era tan inteligente como una paloma común», señala a Reuters la paleontóloga Eugenia Gold de la Universidad de Stony Brook, en el estado de Nueva York. «Las palomas comunes son en realidad más inteligentes de lo que se cree», añade la paleontóloga recordando que «fueron entrenadas como portadoras de mensajes durante las guerras mundiales».

El dodo vivía en Isla Mauricio. Era un pájaro de aspecto raro que anidaba en el suelo, tenía un pico puntiagudo y la cabeza redondeada. Medía alrededor de un metro de alto y pesaba unos 23 kilos. El último dodo fue visto en 1662. La caza humana provocó su extinción.

Según explica Gold, los dodos no mostraron ningún temor a los humanos cuando éstos llegaron a esta isla del Océano Índico en el año 1500. «¿Por qué iban a temer algo que nunca habían visto? No tenían depredadores naturales en las islas antes de que llegaran los hombres. Por eso, los marineros pudieron llevarlas a sus barcos para proveerse de carne fresca en sus viajes. Su docilidad para ser capturados fue, creo, lo que llevó a la gente a pensar que eran tontos, es bastante injusto», afirma.

El paleontólogo Mark Norell, del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York explica cómo el dodo se ganó su reputación: «Tenía un nombre pegadizo, una apariencia ridícula, no era volador, y debido a su falta de miedo hacia los humanos, probablemente debido a su hábitat aislado, fue presa fácil: los rasgos que fácilmente podrían haber sido atribuidos a la estupidez».

Sin embargo, «la inteligencia es muy difícil de medir», añadió Norell.

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