Desazolve #SOSPECHOSISMO

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Por: Salvador Cosío Gaona

Sin la asistencia, mucho menos respaldo de ninguno de los dos expresidentes aún vivos (George H. y George W. Bush) o los dos últimos nominados del partido Republicano (John McCain y Mitt Romney), Donald Trump se erigió candidato del Partido Republicano, con lo que el controvertido magnate ha dado el salto definitivo del mundo empresarial a la política, hecho que parecía más que improbable cuando empezó la carrera por la nominación a la presidencia de los Estados Unidos de América.

Muy pocos de los presentes en Cleveland recordaban que hace unos meses la cúpula del partido le había dado cabida al magnate neoyorquino, convencida de que sería útil pero prescindible. En su coronación Trump demostró que ahora el partido está a su disposición y no lo opuesto. Tras haber logrado domesticar a un establishment que ha tenido que admitir el fervor que despierta entre las bases del partido, el contendiente de Hillary Clinton en las elecciones de noviembre, pronunció un discurso populista que tocó la fibra del miedo entre sus potenciales votantes.

El panorama que Trump describió antes de dar paso al festivo ritual del encumbramiento como candidato oficial, era de desolación, frustración y desasosiego en un país aparentemente amenazado por todos los flancos: la violencia en las calles, la invasión de inmigrantes indocumentados, el terrorismo acechante, la clase media estrangulada, los intereses foráneos que le arrebatan los trabajos a los estadounidenses. El mensaje fue directo y sencillo: hay que salvar a la nación del desastre inminente y sólo un líder fuerte como Trump puede devolverle el esplendor de antaño. Una apreciación pesimista que, según indican las encuestas, comparte el 67% de la población.

Pero en esta puesta en escena que se repite cada cuatro años la dramaturgia de la unidad en torno al líder se empañó con la incómoda presencia de Ted Cruz, quien se alzó como un rebelde con una causa particular: el convencimiento de que si Trump pierde en las urnas contra Clinton, podría perfilarse como el único candidato capaz de rescatar a un partido que se dejó secuestrar por un intruso con instinto depredador.

Los cuatro días de la convención republicana sirvieron para mostrar las armas que Trump y los republicanos utilizarán en su intento para reinstalarse por los próximos cuatro años en la Casa Blanca. La primera táctica ha sido ir en contra de la virtual candidata demócrata, Hillary Clinton, quien para muchos representa un símbolo unificador dentro del partido republicano. Una parte sustantiva de la convención y de los principales discursos se centraron en criticar a Clinton en un intento descarado de no ir a lo específico de las propuestas de gobierno de Trump, pues no hay tales.

La estrategia versus Clinton intenta claramente presentarla como “más de lo mismo”. Es difícil saber si los republicanos lograrán resultados con su estrategia antiClinton. Los optimistas demócratas señalan que durante décadas Hillary y su conducta pública han estado bajo la lupa y no han hallado ni hallarán nada. Los pesimistas dicen que no es inmune a los ataques y cualquier otra nueva revelación de un escándalo de ella o de Bill Clinton, sería funesta. La segunda estrategia tiene que ver con el tema de la inseguridad y es que Trump claramente está jugando con el tema de seguridad nacional y argumenta que bajo “su Casa Blanca” habrá un Estados Unidos más seguro. Lo irónico del asunto es que no ha hecho pública hasta hoy una verdadera estrategia y planes que permitan regresarle la seguridad al vecino país del norte, luego entonces su discurso ha sido totalmente populista y simplista, hueco, vacío y sin contenido alguno más que las arengas y gritos acompañados de gesticulaciones que por sí solas no resuelven nada.

Durante la convención volvieron a surgir evidencias alarmantes de cómo Trump y su equipo manipulan la verdad. Las incongruencias entre el personal de campaña sobre el plagio en el discurso de Melania Trump, que mostró poca capacidad de coordinación. Además, reafirmó que para Trump mentir es algo natural y, sea lo que sea, no importa. Para ellos, la verdad no es algo que se ve en blanco o negro, se encuentra en una zona gris. El escándalo de plagio también mostró que Trump no tiene organización ni profesionalismo. Las distintas versiones del personal de campaña se contradecían y desmentían la idea de que fuese un plagio. Más tarde, Meredith McIver, responsable del discurso de Melania, asumió la culpa y así se aclaró todo no sin antes mostrar la falta de estructura y honestidad de la campaña. Pero aun así, con todo ese desorden las probabilidades de que Trump llegue a la Casa Blanca siguen siendo, desafortunadamente grandes, y eso ha quedado de manifiesto tras la divulgación de varios sondeos en los que por primera vez el magnate está por encima de la ex primera dama. Donald Trump salió de la Convención Nacional Republicana por delante de Hillary Clinton en la carrera por la Casa Blanca, superándola en las encuestas 44% a 39%, en un duelo de cuatro vías incluyendo a Gary Johnson (9%) y Jill Stein (3%), y por tres puntos en mano a mano de dos participantes, 48% a 45%. Johnson es el candidato del Partido Libertario, y Stein del Partido Verde, quien busca apoderarse de los votos de los simpatizantes de Bernie Sanders. Este último hallazgo representa un crecimiento de 6 puntos para Trump tras la convención. No ha habido un crecimiento en las encuestas tan significativo después de la convención desde el 2000. Ese año tanto Al Gore como George W. Bush aumentaron sus números 8 puntos después de la convención.

Ahora bien, las encuestas nacionales no tienen una muestra lo suficientemente grande como para reflejar con precisión la situación en los campos de batalla clave, y hay poca información sobre cómo el rendimiento de la convención ha afectado la carrera presidencia estado por estado.

La encuesta también refleja una agudización de la brecha educativa entre los votantes que ha prevalecido durante toda la campaña. Entre los votantes blancos con títulos universitarios, Clinton en realidad ganó terreno en comparación con los resultados previos a la convención, al pasar de una división equilibrada de 40 a 44%, contra 39% de Trump. En tanto, el empresario amplió su ventaja entre los votantes blancos que no tienen un título universitario, al pasar de 51% a 62% de las preferencias electorales. Además de aumentar su apoyo en general, el índice de favorabilidad de Trump también está en aumento (46% de los votantes registrados dicen que tienen un punto de vista positivo, por encima del 39% antes de la convención), mientras que su ventaja sobre Clinton en el manejo de las cuestiones principales sube. En la actualidad ostenta márgenes de dos dígitos sobre Clinton en temas de confianza en la economía y el terrorismo. Trump supera a Clinton en la gestión de la política exterior (50% dijeron que confiaban en ella más, por debajo del 57% antes de la convención).

En contraste, la virtual candidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Hillary Clinton, presentó este sábado en Miami al senador de Virginia, Tim Kaine, como su compañero a la Casa Blanca. La exprimera dama y exsecretaria de estado, destacó que Kaine está preparado también para ser presidente de Estados Unidos y subrayó su idea de trabajo en equipo para criticar a Donald Trump. El precandidato demócrata a la vicepresidencia dijo que Hillary Clinton y él no descansarán hasta que se implementen controles para la venta de armas, como la revisión exhaustiva de antecedentes de quienes las compran. A diferencia de la convención del Partido Republicano, que si brilló fue por las fuertes disputas internas en torno al candidato Donald Trump y su visión oscura del país, la del Partido Demócrata, que empezó el lunes en Filadelfia, se perfila más como un evento histórico donde el partido nominará a la ex secretaria de Estado y ex Primera Dama, Hillary Clinton como la primera mujer en Estados Unidos que disputará la presidencia de la nación más poderosa del mundo.

Pero los demócratas no deben engañarse. Los norteamericanos están estremecidos por los actos de violencia y terrorismo en ese país y en otros países, el último de los cuales fue el tiroteo en Munich. El problema favorece las posibilidades electorales de un demagogo como Donald Trump, que salió de la convención como el candidato de la ley y el orden que Estados Unidos necesita en un momento de crisis. Un número alto de norteamericanos está aceptando su discurso, de modo que la elección de noviembre será reñida.

Así que en vez de reducir el nivel de exigencia para Hillary Clinton, las circunstancias han conspirado para aumentar ese nivel. Hillary necesita convencer a un público norteamericano nervioso de que Estados Unidos no quiere ni necesita que un personaje autoritario dirija el país. Necesita a alguien que pueda enfrentar con eficacia al terrorismo y que contenga la violencia racial sin abandonar el compromiso con la justicia para todos bajo el imperio de la ley, y tiene que convencer a los votantes de que ella es la candidata capaz de hacer eso. Muchos electores quizá no votarán por Trump por las dudas que revolotean en torno al aspirante sobre su falta de experiencia y algunos métodos cuestionables de hacer negocios, como el caso de Trump University. Pero muchos aún no se han decidido.

Hillary no derrotará a Trump fingiendo que las dudas sobre ella no existen. De una vez por todas, Hillary tiene que admitir a los que no están comprometidos con su candidatura que cometió errores en la controversia de los correos electrónicos. Debe convencer a los escépticos que no es una enemiga de los negocios, pero también que no es una prisionera de Wall Street, y que entiende las frustraciones de las fuerzas progresistas que respaldaron a Bernie Sanders y que adoptará al menos parte de su agenda. Debe poner fin a su negativa desde hace meses de ofrecer una conferencia de prensa. Necesita presentar fuertes argumentos a favor del comercio y las relaciones internacionales para contrarrestar la visión de Trump sobre el papel de Estados Unidos en el mundo. Clinton también puede recordar a los votantes que ha hecho públicas sus declaraciones de impuestos desde hace muchos años. ¿Y dónde están las de Trump? ¿Oculta algo el candidato republicano? Con el clamor contra Hillary en la convención de Cleveland, es fácil olvidar que tiene un historial de servicio público que supera con creces al de Trump.

Luchar durante más de 20 años por que la atención médica esté al alcance de todos los norteamericanos es más importante que construir una pista de patinaje en Nueva York.

El reto supremo consiste en trascender el escenario partidista para unir a un país dividido. Trump apela al miedo y a una nueva versión del aislacionismo. Ese mensaje es errado. Hillary debe recordar a los norteamericanos que la nación vecina se hizo grande relacionándose con el mundo y erigiéndose como un faro de libertad y justicia a pesar de los obstáculos que ha enfrentado. Esa es la manera de asegurar que Estados Unidos siga siendo un país de avanzada.

Por lo pronto, en lo que se ha vivido en la convención demócrata destacan por un lado el escándalo y por otro la elocuencia, esta última tiene que ver con el emotivo discurso de Michelle Obama, en donde la primera dama protagonizó uno de los momentos más conmovedores, con su emocionada defensa de la candidatura de Hillary Clinton a la presidencia. Del también interesante discurso de Barack Obama, comentaremos en entrego posterior.

Ocho años después de hablar por primera vez en una convención partidaria, cuando su marido Barack Obama era candidato, Michelle mostró el lunes que tiene todos los elementos y el carisma para convertirse en una verdadera fuerza política.

Michelle defendió la candidatura de Hillary, otra ex primera dama, pero se permitió trazar un panorama histórico de lo que representa la llegada de una mujer a la Casa Blanca como jefa de Estado.

Por otro lado, la nota fue sin duda el presunto hackeo de Rusia del Comité Nacional Demócrata (DNC por su siglas en inglés), que es parte de una ola de ataques cibernéticos rusos destinados a las organizaciones políticas y grupos de reflexión académicos en Washington.

El fin de semana WikiLeaks comenzó a publicar mensajes de correo electrónico desde el DNC. El grupo no identificó la fuente. Pero la campaña de la virtual candidata demócrata Hillary Clinton señaló con el dedo a Rusia, diciendo que la liberación de los correos electrónicos robados fue pensado para ayudar al candidato republicano Donald Trump. Y es que la Rusia de Vladímir Putin ha entrado con fuerza en la campaña electoral de Estados Unidos. El robo y publicación de miles de correos electrónicos internos del Partido Demócrata reventó el lunes el inicio de la convención que elegirá a Hillary Clinton como candidata a las presidenciales de noviembre. Los demócratas y varios expertos atribuyen la operación al espionaje ruso. Si se confirmasen las teorías, sería la primera vez que Rusia interfiere tan claramente en un proceso electoral norteamericano. La afinidad entre Putin y Donald Trump es conocida. No hay pruebas concluyentes de que el Gobierno ruso y Putin estén implicados, pero la conexión es notoria. El magnate Trump, que ha mantenido vínculos empresariales con Rusia, es admirador declarado de Putin, y ha sugerido que, si Rusia ataca a un aliado de la OTAN, Estados Unidos no se sentirá obligado a defenderlo. Paul Manafort, el jefe de la campaña de Trump, fue consultor del antiguo Gobierno prorruso de Ucrania. En la convención republicana de la semana pasada, los partidarios de Trump lograron eliminar una petición de armar a los ucranios contra Rusia. En este escenario, las cosas seguramente se seguirán poniendo color de hormiga. Habrá que ver que más viene.

@salvadorcosio1
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