DESAZOLVE #Goleados

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Por: Salvador Cosío Gaona

El pasado domingo 5 de junio, en 13 entidades más la Ciudad de México, el más goleado por los electores fue el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y en este sentido quienes pierden son el Presidente Enrique Peña Nieto, pues sin duda él fue quien se colocó hace algunos años la camiseta de líder real de ese partido al declarar inexistente la famosa ‘sana distancia’ que enarboló siendo titular del Ejecutivo Ernesto Zedillo Ponce de León, con la determinación manifiesta de acabar con la simulación, a efecto de no dejar duda sobre quien es el mandamás del PRI, pero también Manlio Fabio Beltrones Rivera, Presidente del Comité Ejecutivo Nacional, reducido por la acción de Peña, a un simple ‘gerente en turno’ a cargo de la revisión de la ejecución de la agenda operativa de dicho partido.

Así las cosas, el PRI solo intentó ser fallidamente una estructura convenencieramente electorera a las órdenes del llamado primer priista, y sin posibilidad de maniobra frente a la sociedad, a la que abandonó dejándola sola en sus luchas sociales y en la búsqueda de reivindicar y poner en marcha el derecho a exigir hechos adecuados a los gobiernos, especialmente a los emanados del propio partido.

Fallidamente, porque no funcionó en la labor de promover, movilizar y provocar a la población a ejercer el voto a favor de los candidatos postulados y al conjuntarse en la mayoría de las entidades donde hubo elecciones, factores negativos. Fracasó y perdieron dichos candidatos, tanto por no haber sido los mejores, como por arrastrar la carga negativa y el repudio del pueblo en relación al Presidente de la República, pero también de Gobernadores y Alcaldes que fueron postulados por el partido, muchos de ellos rechazados por los propios priístas.

El PRI pierde Veracruz, Tamaulipas, Durango, Aguascalientes, Quintana Roo, Chihuahua y no puede recuperar Puebla, tiene y habrá problemas poselectorales en Tlaxcala, que será peleada en tribunales por el PRD. Recupera Sinaloa, retiene Hidalgo y no sin apuros Zacatecas, y está recuperando pero con apuros Oaxaca y vuelve a sucumbir en la Ciudad de México.

Hay muchas cosas por analizar a fondo, pero no cabe duda que el gran perdedor como Partido es el PRI, y aunque sea solo un ‘gerente en turno’ hay plena responsabilidad de Manlio Fabio Beltrones y su Comité Ejecutivo Nacional, que también fracasó, hay plena carga de las derrotas para Enrique Peña Nieto, pero también habrá que analizar asuntos de traiciones o fuego amigo contra Beltrones y la sonrisa que por el fracaso deben tener sus rivales al seno del PRI, que son básicamente Miguel Ángel Osorio Chong y Luis Videgaray, pues los resultados dejan noqueado a Beltrones en relación a la carrera por la candidatura presidencial de 2018.

Cabe afirmar que salvo en Sinaloa e Hidalgo, hubo un voto de castigo al PRI, pero también una repulsa de muchos simpatizantes y militantes priístas hacia la práctica ya recurrente de antidemocrática designación de candidatos, además que muchos de ellos no tuvieron el adecuado perfil como para vencer en elecciones competidas, no debiendo pasar desapercibido como ya se esbozaba, el hartazgo de la sociedad por la enorme corrupción e impunidad existente así como la incesante criminalidad y la creciente inseguridad, además de los escasos resultados gubernamentales en materia económica y gestión exitosa de mayor bienestar y mejor calidad de vida para la población, sin poderse ocultar el mal gobierno de muchos gobernadores priistas.

Por ello es menester si se quiere enderezar el camino, analizar cuidadosamente la situación de los Gobernadores, algunos por su nefasto o al menos muy polémico ejercicio de gobierno y quizá también por no haber jugado muy limpio a los candidatos de su partido, de ahí que deba estudiarse las consecuencias que deberán afrontar los mandatarios de Veracruz, Aguascalientes, Chihuahua, Tamaulipas, Quintana Roo, Durango e incluso los de Zacatecas y Tlaxcala, ya que aunque aparentemente en esas entidades hay victoria priísta, los resultados no son de ninguna forma como para echar campanas al vuelo.

Por lo pronto, en un análisis somero, el PAN toma oxigeno, especialmente su dirigente Ricardo Anaya, quien tiene ahora pretexto para exigir ser tomado en consideración para la definición del candidato presidencial en 2018, subiéndose a la carrera rumbo a Los Pinos, junto con el muy polémico Gobernador de Puebla Rafael Moreno Valle, haciendo que la que se sentía ya candidata y única opción de ese partido, Margarita Zavala de Calderón, deba entender que la lucha será cruenta al interior del PAN.

Hay un entendible contraste en cuanto al ánimo que priva en los distintos partidos políticos posteriormente a los resultados de la jornada comicial efectuada el pasado domingo 5 de junio, ya que quienes son o se sienten victoriosos muestran en su cara natural expresión de alegría y la sonrisa amplia que acendra su enorme felicidad, los que sufrieron una paliza tremenda y solo para ellos sorpresiva, permanecen casi mudos y con el rostro pleno de gestos y muecas en señal de profunda tristeza e incluso rabia por lo acontecido.
La dirigencia Nacional del PAN que encabeza Ricardo Anaya, se regodea por el éxito y tanto el joven dirigente ya se siente líder que junto con su equipo más cercano de colaboradores, seguramente aun ‘se pellizcan los brazos’ para estar seguros que no es un sueño del que pronto habrían de despertar, han sobrevalorado los acontecimientos, festinando jubilosa, profusa y ruidosamente los resultados que en forma evidente les son muy favorables.

Vale acentuar que lo ocurrido en los comicios ha generado una exagerada condición de optimismo en el joven dirigente del PAN, pues Anaya ha expresado ya a diversos personajes considerados influyentes en su partido el que ‘siendo el principal artífice de los éxitos obtenidos en la reciente jornada electoral y dada su ya amplia formación y experiencia políticas, además de la creciente presencia y posicionamiento social con que cuenta, se considera el mejor elemento para ser impulsado y debidamente respaldado por la unidad de los panistas a efecto de ser el candidato a la Presidencia de la Republica para la elección de 2018’, y ha hecho sentir que ante el debilitamiento del PRI y la carencia en ese partido de aspirantes con la necesaria buena imagen y amplia aceptación entre la sociedad, el PAN está en la tesitura de aprovechar la coyuntura y nominar a quien, como se autocalifica Anaya, tiene el mejor perfil como un joven político exitoso, moderno, ejecutivo, formado, ya experimentado, sin tacha alguna y que reúne las características de lo que considera son los atributos que la mayoría de la sociedad mexicana está planteando como lo ideal para que los tenga el próximo presidente de la nación.

No se puede omitir que, aunque de forma cuidadosa, el tal Anaya hace sentir que los mexicanos no estamos preparados para elegir como titular del Poder Ejecutivo Federal a la esposa de quien ya fue Presidente y además no goza de la mejor imagen tanto personal como en cuanto a su gestión gubernamental, que fue la principal causa de la derrota en la elección presidencial de 2012 frente a Enrique Peña Nieto del PRI, comicios en que por cierto el PAN perdió teniendo como candidata a una mujer intachable, a Josefina Vázquez Mota, que además de su característica de género femenino, fue golpeada por el voto de castigo a la administración que encabezó Calderón. Así pues las cosas ya calentándose sobremanera en el ámbito del partido blanquiazul.

El PRD se queda igual, solo como la hormiga en el lomo del elefante, pues gana únicamente cuando le hace el caldo gordo al PAN, pierde la Ciudad de México frente a MORENA y queda por debajo como referente de la izquierda frente al partido de López Obrador que sorprende y gana sin siquiera haber ganado alguna gubernatura y se coloca en posición adecuada para enfrentar los retos electorales en 2017 y especialmente en 2018. Del resto de partidos no hay mucho de que hablar por el momento, siguen siendo piezas menores del ajedrez.

Ahora bien, aunque se diga lo contrario, se mantiene el espectro de los candidatos sin partido, quedando claro que cuando tienen buen perfil, son capaces de atraer votos y ganar espacios. Lo que también resulta evidente es que se va a poner muy interesante la elección de 2017 en el Estado de México, de cara a los comicios del 2018, donde seguramente la sociedad podrá hablar y ser más importante que los partidos, especialmente los trillados a cargo de caciques dictatoriales.
La elección pasada evidenció que el aparato electorero del PRI basado en los otrora fuertes sectores obrero y campesino, ha declinado casi totalmente y ya no tiene la capacidad de preservar organizada a su favor a la llamada clase media, pues el ya inerme ‘sector popular’ es un fantasma que no tiene mayor presencia ni acción al carecer de membresía porque los profesionistas, comerciantes, transportistas y sindicalistas burócratas dejaron hace mucho tiempo de ser afines al PRI al no tener dirigentes sectoriales ni partidistas con fuerza y carisma para atraerlos, además que en general el otrora ‘partidazo’ no tiene ya la capacidad para atraer a nuevos electores y sus tradicionales alianzas con el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) o el Partido Nueva Alianza (PANAL) ya le resultan irrelevantes, pues no le aportan esos 5 o 6 y 3 a 4 puntos porcentuales de votación que le permitían alzarse con victorias.
Ante este retroceso general y la sonrisa amplia de sus rivales o caníbales políticos al seno del PRI como Osorio Chong y Videgaray Caso, todas las miradas convergen en el Presidente Nacional del PRI Manlio Fabio Beltrones Rivera a quien cargan todas las culpas de la debacle e incluso ya piden su cabeza, desde luego excluyéndolo de la carera presidencial para el 2018.
Beltrones es culpable por no advertir oportunamente la magnitud de la crítica situación imperante en el otrora fortísimo ‘partidazo’ y no haberse atrevido a alzar la voz para hacerle ver a su jefe Peña Nieto los problemas ocasionados por las decisiones erróneas al designarse arbitraria y anti democráticamente a muchos de los candidatos que además de su escaso atractivo para los respectivos votantes, fracasaron por su impericia, arrogancia y prepotencia al prohijar enfrentamiento con otros personajes de amplia influencia entre los priístas provocando falta de cohesión e inadecuada motivación para el trabajo conjunto de campaña entre los distintos sectores y grupos de militantes del PRI en sus respectivos territorios. Así están las cosas en el PRI, un partido herido de muerte, que como bien dijo de Peña Nieto el diario londinense The Economist: ‘no entiende que no entiende!’, y así como dijeran los chavos: ‘ni como ayudarles!’.

Sin demérito de apreciar en su justa medida lo realizado por el PAN, MORENA y en forma marginal por el PRD para coptar más votos a su favor, además de valorar objetivamente la responsabilidad del rechazo contra el PRI acreditable a Peña Nieto y Beltrones, los priístas deberían darse a la tarea de analizar a fondo la perversa tarea de zapa de no pocos ‘personajes fuertes’, que traicionando a su partido, maniobraron para buscar generar que al perder el PRI 4 ó 5 gubernaturas, se eliminare a Beltrones de la lucha por la candidatura presidencial, siendo indispensable que exijan se deslinde responsabilidad y se determine la sanción penal y política que deba dictarse contra varios gobernadores priistas por su pésima labor, pues algunos de ellos como Javier Duarte de Ochoa en Veracruz y Cesar Duarte de Chihuahua, están señalados de cometer gravísimos actos de corrupción por el desaseado manejo de las finanzas públicas estatales, más en el caso del mandatario veracruzano se le acusa de vinculación con crímenes como desaparición forzada y asesinatos, revisándose con cuidado también la cuestionable tarea de los actuales mandatarios priístas en Durango, Quintana Roo, Aguascalientes y Tamaulipas, investigándose la traición que pudo haberse prohijado por ellos contra abanderados del tricolor en dichos estados.

Si Peña Nieto quiere realmente modificar la percepción ciudadana actualmente en su contra y procurar con ello ayudar a su partido y amainar el riesgo de perder la Presidencia de la República en 2018, debe modificar la forma imperativa de manejar al PRI y abrirlo a una elección democrática de los futuros candidatos a gobernadores, legisladores locales y federales, Alcaldes y Presidente de la Nación, permitir además a su partido reconvertirse en un auténtico instituto político útil y cercano al pueblo, que además genere equilibrio en el ejercicio del poder público pugnando por la eficacia y honestidad de más autoridades, incluyendo las emanadas de su propio instituto político. Además de restablecer la fortaleza socio política del PRI, Peña Nieto debe intentar un mea culpa y tratar de generar mediante reconocimiento de la culpabilidad por los asuntos de conflicto de interés en que incurrió, admitiendo la sanción correspondiente, provocando una pizca de confianza social, Peña Nieto debe ya dar los pasos necesarios para instrumentar en forma adecuada la postergada política pública integral anticorrupción y de combate a la impunidad, iniciando con la investigación de los malos manejos de gobernadores como ‘Los Duarte’, así como no echar en el olvido por complicidad los asuntos que tienen que ver con la gestión tildada de corrupta de los ahora exgobernadores Tomás Yarrington, Humberto Moreira, Eugenio Hernández, Arturo Montiel, Rodrigo Medina y otros priistas, así como Leonel Godoy y Juan Sabines del PRD, además del ex Jefe de Gobierno del Distrito Federal Marcelo Ebrard del mismo partido, y los panistas Emilio González Márquez, Francisco Ramírez Acuña, Juan Manuel Oliva, Guillermo Padrés, Armando Reynoso Femat, entre algunos más, y no dejar impunes los desfalcos de líderes sindicales señaladamente enriquecidos ilegítimamente como Carlos Romero Deschamps y Elba Esther Gordillo o empresarios como los que han propiciado ilícitos o crímenes, esos de Grupo México, Coppel, Guardería ABC, Higa, Iberdrola, Oceanografía y muchos más, sin dejar de recordar la necesidad de resolver asuntos en que se acusa de abuso de poder a las fuerzas militares y policiales federales como Tlatlaya, Apatzingán, Iguala, Atenco, Ostula, Tanhuato y muchos casos más.

La reflexión que a todos nos deja lo acontecido es que la sociedad mexicana reacciona ocasionalmente en las urnas, manifestando su hartazgo ante tanta impunidad, pero aun de manera tibia e incipiente, pues el enojo no ha llegado tan lejos como en otros países donde caen Presidentes, Gobernadores, Alcaldes, Ministros y Jueces. En México aun no se llega a extremos como las grandes manifestaciones que han invadido calles de ciudades importantes del mundo que paralizan economía y convivencia social para presionar hasta lograr sanciones o cambios radicales. No se han procesado ejemplarmente a familiares de gobernantes, salvo algunos muy excepcionales casos, mucho menos a los grandes jefes del gobierno, la empresa, las asociaciones religiosas o sindicales, los jerarcas del mundo de las fuerzas de seguridad que provocan lo contrario, ni a los caciques políticos o sindicales.

Lo urgente es dotar a la sociedad de mucha más información, educación y cultura democrática, más y mejor conciencia cívica, que se politice adecuadamente en el buen sentido de la palabra y al hacerlo así, conozca sus derechos y obligaciones y lo relativo a los diferentes órdenes de gobierno y exija lo adecuado, además que no espere a que reviente una situación para solo intentar castigar y muchas veces equivocadamente, en las urnas; lo que debe sancionarse y sobre todo erradicarse ahora y siempre es la criminalidad, corrupción, ineficacia e impunidad. La sociedad seguirá dando sorpresas y goleando a partidos y encuestadores.

@salvadorcosio1
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