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Desazolve #EMPLEOsinREMUNERACION

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Por: Salvador Cosío Gaona

A pesar de jactarse que hay un crecimiento económico y amplia creación de empleo en México, el país sigue estancado. La exigencia popular es muy clara: urge mejor salario y crecimiento real del empleo y la competitividad más allá de números que adornen estadísticas y generen premios a los economistas, pues lo que el pueblo quiere es real incremento del bienestar socioeconómico y un mejor nivel de calidad de vida y para eso hace falta más que cifras y discursos.

El Gobierno federal mexicano propició el aumento al salario mínimo en un 10%, así pues el próximo primero de diciembre de este 2017 en curso el mínimo que deberá ser legalmente devengado como salario pasará de los 80 pesos estipulados en la anterior tabulación a poco más de 88 pesos diarios, con variaciones mínimas según las diversas zonas y el ajuste se prohíja en un contexto en que debe denotarse que México continúa por debajo del umbral de pobreza internacionalmente aceptado y aunque quedó en el ambiente como que se dio ‘Luz verde’ para iniciar un proceso que conlleve a paulatinamente subir el nivel de salarios en nuestro país, que tiene uno de los salarios mínimos oficiales más bajos de América Latina, el reciente incremento queda por debajo de las expectativas.

Aunque se trata de justificar que el incremento salarial es alentador en razón que con dicho aumento del 10% se cubre con creces el alza inflacionaria, que ronda ya oficialmente en el umbral del 6% según reportes oficiales al corte de lo que va del presente año, lo cierto es que el índice inflacionario es en la práctica de mayor cuantía sobre ese citado 6 por ciento y golpea con especial virulencia a la población más vulnerable y pese al incremento, por cierto exigido y reclamado desde hace ya varios años por centenares de organizaciones de diversos sectores de la sociedad y avalado por estudios expresados por técnicos y académicos de variada índole, el salario mínimo aún incrementado queda todavía muy por debajo del que debería ser para que sea factible que un trabajador tenga el nivel mínimo de bienestar siendo retribuido de acuerdo a este umbral salarial por lo que, así, el salario no será remunerativo y seguirá sin poder ser suficiente para cubrir las necesidades básicas díarias de las familias mexicanas menos favorecidas, que tienen la fortuna de contar entre sus integrantes a personas con empleo regular asalariado.

No se vislumbra a corto plazo una sólida esperanza de que pueda seguirse buscando alcanzar un mejor umbral para el salario mínimo, que deba seguir escalando hasta quizá avanzar con más ductilidad y convertirse en un verdadero instrumento que marque un piso del que se derive una escalera ascendente que dinamice los alcances salariales de segmentos laborales superiores a los empleos que deben marcarse para devengar salario mínimo por ser de mayor requerimiento de preparación o experiencia para desempeñarlos adecuadamente, ya que será hasta finales del mes de abril de 2018 cuando la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CONASAMI) pueda tal vez determinar un nuevo nivel de salario mínimo tendiente a fortalecerlo, a fin de que pueda llegar a ser el detonador del acceso de la clase trabajadora mexicana a la línea mínima de bienestar socioeconómico y la base de una pirámide construida por otros niveles superiores salariales mínimos especificados para actividades laborales especiales que deban remunerarse más ampliamente.

Para que el salario mínimo recién generado alcance al menos la línea de bienestar establecida por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), debió haber sido elevado al menos a 96 pesos y los 88 pesos con 40 centavos de mínimo salarial que será el vigente a partir de diciembre, solo servirá para cubrir el 90% del monto necesario para alcanzar la línea de bienestar, lo que aún siendo una mejora respecto al 84% actual que se supone alcanza con el salario mínimo aún vigente, queda muy lejos de las expectativas generadas y de la exigencia social.

En el evento en que se anunció oficialmente el nuevo salario mínimo en nuestro sufrido país, el Presidente de Mexico Enrique Peña Nieto expresó: “No hay prosperidad posible sin un trabajo digno y bien remunerado, el salario mínimo debe ser una retribución justa y en eso estamos trabajando, siempre manteniendo la estabilidad macroeconómica y una tasa de inflación baja. No se trata de un ajuste menor, dado que al principio de la Administración el salario mínimo era de 60 pesos y la recuperación ha sido de un 20% en términos reales, algo que no había ocurrido en más de 30 años”, al tiempo que presumía las cifras de lo que según la estadística gobernamental ha sido el incremento de empleo logrado durante su Administración presidencial, en la que según sus datos se han creado o formalizado más de un millón de plazas laborales de trabajo debidamente remunerado.

Pese a técnicamente ser uno de los países más prósperos de Latinoamérica, tomando en consideración el poder adquisitivo en cada país, México tiene el tercer salario mínimo real más bajo de la región, solo por delante de Nicaragua y Venezuela y también el más bajo de entre las naciones integradas en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que reúne a los paises con las economías más avanzadas y en cuanto al crecimiento en el índice de creación o formalización de empleo, hay que señalar que solo el 61% de los puestos de trabajo que según Peña Nieto fueron creados en nuestro país a lo largo de su gestión al frente de la Presidencia de la República, pueden ser considerados como de tiempo completo y son calificables como que proporcionan un nivel de ingresos suficiente para que el trabajador pueda satisfacer sus necesidades básicas día con día y a eso hay que añadir la presión inflacionista: pues se ha generado una alza de los precios de bienes y servicios superior al 6% hasta la medición que sobre ese indice inflacionario se tiene marcado hasta el pasado mes de octubre, lo que como se advierte, ha castigado con mayor crudeza a los segmentos poblacionales más desprotegidos de la sociedad mexicana, de ahí que ese progreso que presume Enrique Peña Nieto es realmente escaso.

“Ahora que desde el Gobierno federal se destacan las metas de generación de empleos, reiteramos que el reto de México no es solo lograr generar 1.2 millones de puestos de trabajo cada año sino que los mismos sean empleos de calidad”, señala la Coparmex en el duro comunicado en el que fija su postura, siendo de los actores más beligerantes con la necesidad de incrementar los salarios más bajos en México. “El reto de México es la evolución ordenada de su mercado laboral para el abatimiento de la desigualdad”, insiste la cúpula empresarial.

Algo más optimista se muestra el consultor Enrique Cárdenas, exdirector del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, que considera una buena noticia que vaya avanzando y dice: “No se pueden lanzar las campanas al vuelo, pero es importante, si bien seguimos muy por debajo de lo que debería ser.

Es difícil hacer el ajuste de golpe y si de verdad es en abril cuando lleguemos a la línea de bienestar, habrá habido un cambio importante. Es una buena señal, pero el objetivo es alcanzar los 100 pesos lo antes posible”, agrega el también economista Rodolfo de la Torre, experto en cuestiones de desarrollo y equidad.

En México chocan dos visiones contrapuestas sobre el salario mínimo. Por un lado, el Banco de México (BANXICO) y las últimas Administraciones alinean sus tesis con las de los economistas más ortodoxos y ponen énfasis en el riesgo de que una subida del salario mínimo provoque un repunte de los precios en un país que tiene un pavor justificado por la historia reciente, a la inflación. Por otro, la citada Coparmex, decenas de asociaciones de la sociedad civil –entre ellas Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, la Unión Social de Empresarios de México y Oxfam– y reputados economistas, abogan por un incremento mayor, aunque no drástico, en el piso salarial y desligan este aumento de la inflación, al afectar solo a una pequeña parte del total de asalariados.

Los estudios más recientes sobre la cuestión dan la razón al segundo grupo: los últimos incrementos en el umbral de los sueldos apenas han contribuido a aumentar la inflación, que se ha visto acelerada por otros factores como la depreciación del peso frente al dólar o el repunte en los precios de la gasolina y de los productos agropecuarios. Nada que ver con el salario mínimo.

@salvadorcosio1
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