“Desazolve” #DoctrinasyChoques

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Por: Salvador Cosío Gaona.

De alguna forma o de otra , las guerras, históricamente las guerras o conflictos armados continúan marcando el destino de los pueblos del orbe, llamándose o justificándose de diversas maneras, hay un cúmulo de intereses económicos y políticos que detonan y mantienen esas pugnas y se preservan hipótesis que quizá mucho tendrán de acercadas a la realidad, en cuánto a la intencionalidad de provocarlos en aras de lucro politico-electoral, además del enorme ganancial que reviste la economía derivada de las luchas intestinas entre naciones o bloques de ellas y las que se suscitan por enfrentamiento ‘justificado’ entre razas o ideologías.

Aun se sostiene la polémica sobre si el propio gobierno de Los Estados Unidos de América propició y aun lo hace, el surgimiento de la mayoría de los conflictos, sin poder dejar de advertir que otras potencias como China y Rusia son factor demasiado influyente en cuanto a que nunca deje de haber problemas y batallas, para mantener viva la actividad empresarial y las condiciones macroeconómicas por la citada economía de Guerra y el impacto de las luchas armadas en los precios y la condicionante existencia de los principales insumos energéticos y materias primas diversas, que impactan la gama de intereses económicos en el planeta.

No habían pasado muchos días y aun no se recuperaba el mundo del asombro de los atentados terroristas de Bruselas y París, cuando una vez más el planeta fue sacudido con la escalofriante noticia del atentado en Pakistán, eventos en que murieron decenas de personas y fueron heridas cientos más. Desde el 11 de septiembre de 2001, que sacudió no solo a los Estados Unidos de América, sino al mundo entero, la zozobra, el miedo y terror son la constante.

El terrorismo en el mundo está aumentando y también se está globalizando, sus protagonistas, objetivos, tácticas y su manera de organizarse están cambiando, las consecuencias de las acciones terroristas son devastadoras, hasta el punto de que hacen tambalear importantes principios como la libre circulación o la privacidad de las comunicaciones, también impactan en el gasto público, los viajes, la convivencia y la integración dentro y entre países, los grupos terroristas llegan a amenazar la viabilidad de ciertos países y moldean las luchas geopolíticas, pero el problema estriba también en la desfasada capacidad de los Estados para hacerle frente, ya que ante la modernización, el incremento del salvajismo y la radicalización de los esquemas y los protagonistas de los ataques producidos por grupos criminales cualquiera sea su pretexto, ya que aunque en algunos aspectos, las sociedades y los gobiernos han podido fortalecer sus sistemas preventivos y de defensa contra los terroristas, y los criminales perversamente agrupados, muchos otros aún son demasiado vulnerables, tal como han evidenciado los más recientes ataques en Francia, Bélgica y Pakistán, reivindicados por organizaciones fundamentalistas radicales, así como los golpes que los cárteles criminales han asestado en países como México.

La cifra de víctimas es escandalosa, pues tan solo en 2015 hubo más de 37 mil asesinatos perpetrados por terroristas en todo el mundo.
El terrorismo ha existido siempre, pero ha sido particularmente en el siglo XXI en que tanto el número de los ataques, como el de las víctimas han aumentado aceleradamente. En los últimos 15 años, los atentados terroristas han pasado de menos de 2,000 a casi 14,000. Y las víctimas mortales se han multiplicado hasta por diez, pero este aumento no ha ocurrido mayoritariamente en Norteamérica o en Europa, particularmente en cinco países —Irak, Pakistán, Afganistán, Nigeria y Siria— se concentra el 60% de los atentados desde el comienzo del siglo. La mayoría de los ataques no fueron contra blancos en el mundo occidental, sino entre musulmanes chiíes y suníes.

Si bien la letalidad ha aumentado, son poco frecuentes las acciones que causan más de 100 muertes en un solo atentado. Donde más veces se ha sobrepasado este número es en Irak (29 veces), Nigeria (13), Pakistán (6), India y Siria (4 en cada uno). Más del 90% de los atentados terroristas alcanza sus objetivos inmediatos, el asesinato de civiles, policías, militares o funcionarios. El éxito estriba en la proliferación del uso de explosivos rudimentarios incapaces muchas veces de ser detectados y que en la mayoría de los casos son activados por terroristas suicidas. El 58% de todos los ataques se realiza con explosivos y 34% con armas de fuego; el restante 10% se debe a otros métodos. Solo el 4% emplea tanto armas de fuego como explosivos, pero los expertos esperan que esta combinación aumente, ya que su letalidad es casi 3 veces mayor que la de los ataques en los que solo se usan armas de fuego.

Entre 2000 y 2015, el 45% de todos los atentados terroristas fue perpetrado por grupos que no pudieron ser identificados. El 55% restante corresponde a organizaciones como el Estado Islámico (ISIS, en inglés), Boko Haram, los Talibanes, Al Qaeda y Al Shabab. Entre 2013 y 2014, el ISIS perpetró más de 750 ataques. Uno de los blancos preferidos de los terroristas son los medios de transporte, especialmente autobuses y trenes (concentran el 65% de los atentados en esta categoría).

El terrorismo en el mundo no solo se ha diversificado, sino que también se ha automatizado e infiltrado en todos los niveles, tal es el caso de las “cumbres” que lideres terroristas han encabezado para definir su “agenda de terror”. El 4 de noviembre del 2015, nueve días antes de los atentados que causaron 130 muertos en París, varios líderes del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) fueron convocados en la ciudad siria de Tabqah para decidir “el siguiente paso” de la organización. El objetivo: sembrar el caos en Europa, reactivando las células “durmientes” y aprovechando el regreso a sus países de origen de hasta 200 yihadistas que esperaban órdenes para poder actuar. Bélgica quedó señalado como un objetivo “fácil”, en contraste con el Reino Unido (“el país más difícil de acceder”) y el “resto”, en referencia a Francia, Alemania e Italia. En la reunión de Tabqah, no sólo se habló de los objetivos predilectos y de los más “fáciles”, sino de “las sociedades que más sencillamente se derrumbarían” ante la estrategia del terror. Y también de la presión que la ofensiva terrorista podría ejercer sobre “la arquitectura de Europa”, de la Unión Europea a la OTAN (de ahí la importancia estratégica de golpear Bruselas). En el cónclave estratégico se habló de dar prioridad a la influencia del ISIS en “las poblaciones” sobre “la geografía”, en una aceptación implícita de que las “fronteras” del “califato” no podrán defenderse por mucho más tiempo ante el bombardeo sistemático de las fuerzas aéreas de 14 países. En la reunión se habló también del potencial de “la próxima generación de la yihad”, integrada por 25,000 “combatientes” que han pasado por Siria e Irak. Las informaciones en este sentido coinciden con la información que obra en poder de la Oficina Europea de Policía (Europol) sobre la metamorfosis del Estado Islámico en los últimos meses. La nueva estrategia agresiva del ISIS está centrada principalmente en Francia y Bélgica, pero extendida a otros países europeos y a una escala mayor de lo que se sospechaba. Según el director de la Europol, el uso de internet como herramienta para radicalizar y reclutar jóvenes combatientes ha facilitado el crecimiento de células más o menos difusas y no necesariamente conectadas en varios países europeos. El plan consistiría en la creación de células “interconectadas”, como las que perpetraron los atentados en París y Bruselas, con órdenes específicas para elegir “el momento, el lugar y el método” para conseguir un mayor impacto. La diferencia estriba en que, en el 2014, los yihadistas del ISIS recibían apenas dos semanas de entrenamiento, ahora la estrategia ha cambiado: se han creado unidades especiales y el entrenamiento es más largo. El objetivo no es ya lograr el mayor número de víctimas, sino poner en marcha el mayor número de operaciones terroristas posibles, de manera que el “enemigo” se vea forzado a gastar más dinero y más recursos humanos.

Hace unos meses, algunos gobiernos hicieron un llamado a los medios de comunicación para que dejasen de utilizar el término ‘Estado Islámico’ argumentando que no se trata de un Estado, ni es mucho menos la representación de las personas que profesan la religión islámica. Gobiernos como los de Francia y España dejaron de utilizar el término Estado Islámico para evitar legitimar la reivindicación del grupo de no ser una organización terrorista, sino un Estado y han exhortado evadir mencionarlos así para que se les reconozca como un país o una institución que utiliza activistas en pos de los derechos o el respeto a los islámicos y han emitido comunicaciones al respecto, en las que se solicita no utilizar el término ‘Estado Islámico’ al referirse a los terroristas porque se requiere dejar de coadyuvar a que se confunda la actividad criminal de esos terroristas con quienes profesan la religión ligada al Islam, o sea los musulmanes e islamistas.

Los países que han dejado de llamar Estado Islámico al grupo ahora lo denominan Daesh, acrónimo árabe de al-Dawla al-Islamiya al-Iraq al-Sham (Estado Islámico de Irak y el Levante) y existe información en cuanto a que los terroristas detestan esta denominación porque, en árabe, el sonido de esa palabra es parecido a “algo que aplastar o pisotear”. Dependiendo de cómo se conjugue, esta palabra también puede significar “intolerante” o “el que siembra la discordia”. Tal es el odio de los miembros del grupo a esta palabra que se dice que en los territorios que controlan se han producido ejecuciones a ciudadanos sólo por haberlo utilizado.

El hilo conductor que ha sido la constante en los más recientes eventos terroristas que han puesto al mundo en vilo, tiene que ver con la “fe” y la supuesta lucha por la reivindicación de las causas supremas de la fe o de las razas, pero con la diferencia en cuanto al supuesto origen de los ataques criminales que generan muerte y cuantiosos daños, la causa real de fondo es obtener poder, supremacía y control socioeconómico y político; el golpe que propinan cualquiera que sea el origen, objetivo y/o supuesta causa o presunta justificación, es enorme y brutal.

A pesar de significarse distintamente, algo o mucho tienen en común los bárbaros que en nombre del DAESH atacaron recientemente Francia y Bélgica, con los salvajes que causaron decenas de muertos así como centenares de heridos, en su gran mayoría menores de edad y mujeres en Pakistán; los autores intelectuales y materiales del criminal incidente que provocó un tiroteo en el emblemático Capitolio en la Ciudad de Washington, en pleno corazón político de Los Estados Unidos de América, lo mismo que el caso de las explosiones ocurridas hace algunos años en Boston, o las que artefactos explosivos han provocado en instalaciones de infraestructura básica y fundamental además de alto significado sociopolítico en localidades de España, Francia, Gran Bretaña, Irlanda, Alemania, Italia, sin dejar de señalar los cruentos sucesos que se han producido en países diversos de África y Asia, todo lo anterior ligado inexorablemente a lo que hasta hoy es el más grave atentado terrorista perpetrado en los Estados Unidos de América, el fatídico 11 de noviembre y que culminó con centenares de muertos y el derrumbe de las torres gemelas de Nueva York, sede del World Trade Center y símbolo icónico del capitalismo y el poderío económico, que reales o no los hechos por aquello de la teoría del choque, las consecuencias sí lo fueron y ahora se padecen en todo el mundo, porque el común denominador ha sido que la violencia además de muerte y lesiones a personas, así como daños materiales severos, ha prohijado un daño mucho mayor, que es el resquebrajamiento del orden, el imperio del derecho, la institucionalidad y la consistencia de la gobernabilidad, porque en todos los eventos suscitados hay el ingrediente de la corrupción y la impunidad, pues los errores gubernamentales van más allá de simple ineficacia o negligencia.

Por la tensión mundial inherente a los últimos acontecimientos cruentos suscitados en Europa y Asia, causó destacado impacto el tiroteo ocurrido recientemente en el emblemático edificio sede del Congreso norteamericano en la Ciudad de Washington, evento motivado por el ingreso de un sujeto armado que fue detectado y finalmente sometido por la policía, pero que provocó un alarmante cruce de disparos en el llamado centro de visitantes del importante inmueble, que motivó el inmediato cierre tanto del Capitolio como de La Casa Blanca, pero además en todos los inmuebles ubicados en ese conjunto de edificios oficiales, la totalidad de los empleados, funcionarios y visitantes fueron conducidos a los refugios asignados para este tipo de emergencias acorde con el protocolo establecido.

El detalle que enmarca las coincidencias en cuanto a otros diversos ataques criminales perpetrados con ambiente espectacular es que el provocador en El Capitolio era conocido por las autoridades de seguridad del complejo legislativo, ya que en octubre pasado fue detenido tras interrumpir una sesión de la Cámara de Representantes, mientras gritaba que era un “Profeta de Dios”. Ahora bien, aún cuándo se ha tratado de establecer que no existe una relación directa entre el ataque realizado en Lahore, Pakistán y los cobardes y cruentos ataques criminales que recientemente perpetró el DAESH en Francia y Bélgica, y que lo ocurrido en Pakistán se inscribe en un marco de pugna ancestral de carácter ínter religioso entre musulmanes fundamentalistas de corte radical y la minoría cristiana, hay elementos para indicar que sí están conectados y hay vinculación clara entre grupos terroristas en Europa y Asia.

En este último atentado, el grupo fundamentalista ‘Jamaat ul Ahrar’, una escisión del principal grupo insurgente de Pakistán denominado ‘Tehrik-e-Taliban Pakistan’ (TTP), asumió la autoría de los hechos. La minoría cristiana de Pakistán que representa apenas un porcentaje cercano al 1.6% de la población, se considera abandonada por el gobierno y haber quedado así a merced de peligros no solo por ser un blanco fácil para los ataques sangrientos de fundamentalistas, sino también por ser recipiendarios de falsas acusaciones de blasfemia, delito al que le corresponde la pena de muerte como castigo. El atentado en Lahore, ha trascendido, fue una venganza por la ejecución de Mumtaz Qadri, el guardaespaldas que mató en 2011 al entonces gobernador del Punjab, Salmaan Taseer, por oponerse a la ley de la blasfemia. A un mes de su muerte miles de manifestantes protestaron frente al Parlamento en la capital por la ejecución de este fundamentalista. El grupo Jamaat-ul-Ahrar se escindió de los talibanes paquistaníes en 2014, para volver a integrarse en la organización terrorista en marzo de 2015 y ese mismo mes reivindicó un atentado dirigido a dos iglesias cristianas en el barrio de Youhanabad, en Lahore.

Lo claro es que los crímenes en nombre de luchas filosóficas o religiosas, siguen causando gran daño al igual que lo ocasionan los embates de grupos que sin enarbolar banderas especificas y no ser etiquetados como ‘terroristas’ generan muerte, caos e ingobernabilidad en muchas naciones, pero ante todo esto, la interrogante principal sigue siendo el origen del financiamiento y la paternidad de esa gestión en relación a los interesados o beneficiarios con el enorme negocio de las armas y además, sigue la inquietud por la contumaz ineficiencia de los entes gubernamentales y la posible gran colusión de funcionarios con los criminales, pues continúan surgiendo informes de alertas ignoradas y de errores garrafales en tareas de información, inteligencia, control y seguimiento.

La lucha sigue pero no hay indicios de que se está ganando esa guerra, algo similar a lo que sucede en la guerra contra los cárteles del narcotráfico en México, que por más que se diga que hay avances, pareciere como aquella broma que se cuenta, cuando el boxeador regresa a su esquina severamente lastimado por su rival en la competencia y de repente escucha la voz de su ‘manager’ quien le dice : ‘sigue peleando duro, porque vas ganando’ a lo que el púgil muy golpeado y molesto le replica a su manejador: ‘pues si dices que le estoy ganando a mi contrincante, reclama que me quiten de encima al referee porque quizá entonces ese tipo es quien me está golpeando tan duro, mira cómo me tiene!’.

@salvadorcosio1
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