CREDIBILIDAD POLÍTICA Y OTRAS AUSENCIAS

CREDIBILIDAD POLÍTICA Y OTRAS AUSENCIAS

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Por: Carlos Anguiano Zamudio

Los partidos políticos en México viven una etapa de crisis, navegando entre la falta de representación popular, el pragmatismo extremo y por sobre todo, la falta de credibilidad.

¿Porqué son necesarios los partidos políticos? ¿Porqué si no cumplen lo que prometen los políticos y no representan a los intereses de la ciudadanía, la sociedad sigue votando por ellos?

A partir del segundo tercio y durante el resto del siglo XX, nuestro país tuvo un sistema político hegemónico donde un sólo partido, el Revolucionario Institucional, concentró el grueso de la participación política. Pese a la aparición y desaparición constante de nuevos partidos políticos, las crisis del poder público en México se mantenían tras un férreo control del partido oficialista, creciendo paralelamente la fuerza del sector conservador de la sociedad mexicana, militando mayoritariamente en el Partido Acción Nacional.

Es hasta la década de los años 80 cuando detona un factor que regeneraría el sistema de partidos, con la aparición del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional, precuela de la aparición del PRD en 1989, dándose la aparición de un sistema tripartita, que logró en su momento generar mucha confianza en la gente, afiliación de millones de mexicanos en los partidos de su preferencia, participación democrática de 74% en las elecciones presidenciales de 1994 y una cercanía de la ciudadanía con los partidos efímera e inusual, hasta llegar al lugar que hoy ocupan, donde los partidos son vistos más por las personas que encabezan las candidaturas, que por las plataformas ideológicas muy poco conocidas, más por el pragmatismo de la obtención de beneficios individuales directos e inmediatos que por una agenda de construcción colectiva del futuro.

Entre otros factores, la credibilidad es la piedra angular del desmoronamiento del sistema de partidos.

La búsqueda de triunfos electorales a toda costa, orilló a las dirigencias partidistas y a los grandes actores del poder a recurrir a nuevas herramientas para sumar simpatizantes, ganar adeptos, confundir a los indecisos y vapulear a los contrarios.

El uso de los partidos políticos de herramientas como la propaganda política combinada con la compra de espacios y tiempos pautados en medios masivos de comunicación, segmentando el mercado electoral, empleando encuestas y estudios de opinión, propició en principio, la profesionalización de la política, pero muy rápido degeneró en campañas antiéticas, ilegítimas, basada en la seducción, los resortes psicológicos, así como en la nula evaluación racional de los mensajes dirigidos al electorado, que recayó en un engaño “científico”, en la manipulación de la sociedad y en un desequilibrio profundo producido por el encuentro de lo selecto con la masa.

Sin embargo, la construcción de imágenes, popularidades, famas y personajes efímeros no puede ser prolongada en sus efectos, pues al estar diseñados para tener una duración finita, calibrada al calendario electoral, pierden continuidad al carecer de cimiento firme, por lo que desaparecen prácticamente a la misma velocidad con la que se crearon.

Promesas incumplidas, eslogan huecos, ofertas imposibles de realizar, discursos tan emotivos como irracionales, candidatos construidos al vapor, compra de voluntades, esfuerzos intermitentes e incongruencia entre las plataformas de campaña y los actos de gobierno una vez alcanzado el triunfo, destruyen lacerando la confianza, debilitando el ánimo de la gente de apoyarlos y participar en la vida democrática, agotando el crédito de los partidos y sus candidatos presentes, complicando incluso el crédito social hacia los futuros.

Crédito y credibilidad comparten la misma raíz etimológica, credo, que significa “confío o creo”. Está directamente relacionado con la reputación.

Así pues, los partidos políticos atraviesan un momento de deterioro en su credibilidad, proveniente de una imagen negativa sostenida durante un lapso de varios años que ha producido que se arraiguen contra valores y opiniones de rechazo que configuran la mala reputación. Reputación es la fama o concepto en que se les tiene y para variarla requiere trabajo, tiempo, hechos consumados que evidencien el esfuerzo decidido por revertir y arraigar valores positivos.

Los partidos políticos deben aplicar en su organización interna, un sistema de estímulos y castigos eficiente para que sus militantes, directivos y representantes populares, sigan preceptos éticos tendientes a provocar confianza, al cumplir expectativas ciudadanas, que generen logros, dando beneficios tangibles, divulgables y presumibles, con el fin de utilizar conscientemente la persuasión positiva, como esfuerzo deliberado para ganar inteligentemente los pensamientos y los sentimientos de los ciudadanos. Todo ello implica no solo cambios de forma, sino de fondo.

Para avanzar en la reconstrucción de la credibilidad perdida, se requiere el esfuerzo compartido de todos sus miembros, en especial, de los más visibles, de aquellos que ocupan espacios de gobierno y conducción política, de sus militantes con cargos de elección popular, así como la concientización de su base militante buscando crear identidad, pertenencia, orgullo y respeto entre ellos, prolongable hacia la comunidad.

Al paso de un tiempo de insistir en dicho camino, aplicando la ingeniería en imagen pública, construyendo discurso, comunicando un mensaje homogéneo, ético, comprometido, constante, multicanal, la reputación mejorará, la profundidad negativa medible en las encuestas decrecerá, la autoridad entre sus directivos y exponentes públicos incrementará, el ánimo y la actitud colectiva serán positivos y se estará en condiciones de enfrentar a la validación social en espera de haber logrado penetrar la dura coraza de la falta de credibilidad.

Hoy quienes aspiren a ser candidatos por los distintos frentes partidistas que hay, enfrentarán en primera persona la falta de crédito, el desprestigio que podría atribuírsele a sus antecesores, pero que les afectará al provocar la falta de paciencia, tolerancia, disposición y desánimo que enfrentarán.

En materia de prestigio, las notas buenas se logran actuando, haciendo y logrando. Revertir las cargas negativas exige el uso de mayor entusiasmo, energía, recursos, tiempo y decidida lucha, pues las marcas partidistas sufren de pronunciado desgaste, razón por la cual, sus activos políticos deberán redoblar esfuerzos a fin de enderezar el barco.

La tarea exige inteligencia, capacidad, sensibilidad, profesionalismo, aplicación de las ciencias en la actividad política cotidiana, preparación de cuadros, dirigentes y candidatos, pero sobre todo, que en estos encontremos crecimiento humano y desarrollo de talento personal, compromiso social y recurrir al uso de habilidades sociales para penetrar en el subconsciente colectivo.

Dignificar a la política es posible, es deseable y es necesario para lograr una mejor sociedad donde cohabitar y convivir. Siempre se puede mejorar.

www.inteligenciapolitica.org
@carlosanguianoz en Twitter

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