Conocer nuestro riesgo genético

Conocer nuestro riesgo genético

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Nuestra salud no se encuentra condicionada únicamente por nuestros genes. También es el resultado de nuestro comportamiento, es decir, de lo saludables que resulten nuestros hábitos, caso entre otros de la alimentación o del ejercicio físico. Y si bien no podemos cambiar nuestros genes, sí podemos modificar nuestro comportamiento, lo que resulta especialmente importante cuando las pruebas genéticas nos alertan de una mayor predisposición a padecer una enfermedad. Es el caso, por ejemplo, de las personas con hipercolesterolemia familiar, que al tener esta enfermedad genética que eleva sus niveles de colesterol deben limitar su consumo de grasas. Por tanto, las pruebas genéticas deben jugar un papel fundamental en nuestra salud. Pero como muestra un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), lo que digan las pruebas genéticas, para bien o para mal, nos da igual.

Como explica Theresa Marteau, directora de esta investigación publicada en la revista «The BMJ», «las expectativas sobre la utilidad de la información genética han sido muy altas. Es decir, siempre se ha creído que la población informada sobre su riesgo genético estaría más empoderada y modificaría sus hábitos, caso por ejemplo de llevar a cabo una alimentación más saludable o dejar de fumar. Pero nuestro estudio evidencia que esto no es así».

La vida sigue igual
Para llevar a cabo la investigación, los autores revisaron los datos de más de 10.000 estudios y seleccionaron 18 en los que se analizaba el comportamiento de los participantes una vez habían sido informados sobre su predisposición genética a padecer una o varias enfermedades. Es el caso, entre otras, de distintos tipos de cáncer, de las enfermedades cardiovasculares, de la diabetes o del alzhéimer, patologías cuyo riesgo viene determinado por la combinación de cientos de genes y la adopción de hábitos más o menos saludables.

En este contexto, debe recordarse que la secuenciación del genoma, esto es, la lectura del ADN de un individuo, solo proporciona información sobre la presencia o no de genes que aumentan la predisposición a padecer una enfermedad. Es decir, tener los genes no implica que se vaya a desarrollar la enfermedad, solo que el riesgo es mayor, lo que debería bastar para que la persona actúe en consecuencia. Por ejemplo, una persona con mayor riesgo genético a padecer cáncer de pulmón o una enfermedad cardiovascular debería dejar de fumar. Pero según los resultados de este nuevo estudio, no sucede así.

Como apuntan los autores, «la información individual sobre el riesgo genético no tiene efecto o tiene un efecto mínimo sobre los comportamientos relacionados con la salud, sobre todo en lo que respecta a la cesación tabáquica y la actividad física».

Es más; una vez informados, tampoco se observó que los participantes variaran sus hábitos alimenticios o sobre el consumo de alcohol, la toma de medicación o el uso de protectores solares. Y de la misma manera, tampoco se observaron efectos adversos relacionados con esta información, como sería el desarrollo de ansiedad o depresión.

Información relevante
En definitiva, el que una persona sepa que tiene una mayor predisposición genética, y por tanto un mayor riesgo, para padecer una enfermedad no es suficiente para que cambie sus hábitos y lleve una vida más saludable.

Entonces, estos estudios genéticos, que además no resultan precisamente baratos, ¿no sirven para nada? Es decir, ¿no tienen ninguna utilidad práctica a la hora de mejorar nuestra salud? Sí, pues como concluye Gareth Hollands, co-autor del estudio, «los test de AND, ya sea por sí solos o en combinación con otras pruebas de detección del riesgo, pueden ayudar a los médicos identificar a los individuos que presentan un mayor riesgo de desarrollar una enfermedad y, así, llevar a cabo o planificar intervenciones como un seguimiento más profuso o la prescripción de tratamientos farmacológicos».

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