Barca sin remos

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Por: Jaime Castillo Copado

Un ciento volando

Hagamos un viaje: “Un ejército revolucionario compuesto por 500 generales y 100,000 soldados regía el país. Los Estados se hallaban en poder de generales independientes, quienes administraban la Reforma Agraria en provecho propio. Los empleados del gobierno eran casi en todas partes simples bandidos locales, muchos todavía mozalbetes que habían logrado encaramarse al poder. Había algunos hombres honorables y capaces entre los seguidores de Carranza (Venustiano), pero muchos eran ambiciosos, arrogantes, e insaciables bribones.

Hasta el formidable título de constitucionalista llegó a convertirse en sinónimo de robo, y la “raspa” mordaz lo transformó en “carrancear”, equivalente a quedarse con lo ajeno. Jamás en los prósperos de Don Porfirio (Díaz) se vio cosa semejante”. Se trata de un pequeño fragmento del libro Menof México The Bruce Publishing Company, del historiador estadounidense James A. Magner, que presenta un bosquejo de nuestro país hace “apenas” unos 100 años.

Mientras tanto, en el occidente de México, en las doradas costas del Pacífico mexicano, habitaban en el hoy día puerto turístico más importante de Jalisco, no más de unas 2 mil personas ¿Qué tanto ha cambiado Puerto Vallarta desde entonces? Mucho… muchísimo, muchisisísimo. Por ejemplo, en aquél entonces al puerto ni siquiera se le concedía el título de “ciudad”, en tanto que de aeropuerto, autopista y hospitales, ni se podía hablar.

La forma en la que ha cambiado la sociedad vallartense (y la mexicana en general) es inmensa y vertiginosa, al grado de contar con servicios que muchas ciudades medias de México ni siquiera tienen. (Por ejemplo, Nuevo León contó con un aeropuerto internacional después que Vallarta).
A Puerto Vallarta le urge una revisión, un alto en el camino, un vistazo a su futuro, una reflexión sesuda acerca de cuáles son los ingredientes que le dan sentido a la sociedad local; para de menos, ponerse de acuerdo en los parámetros con que debería medirse su desarrollo en el contexto de lo nacional.

Dicen que México vive una revolución cada cien años, pero Vallarta, también debería vivirla. El 31 de enero del 2017, primero; y para el 16 de mayo del mismo año, pero apenas unos 4 meses después, en México se estarán celebrando los tremendos centenarios de la promulgación de la Constitución política vigente y del nacimiento de Juan Rulfo en Sayula, uno de los escritores más influyentes en la literatura de nuestros tiempos.
Al año siguiente, en la costa norte de Jalisco, nosotros los vallartenses estaremos celebrando el primer centenario del municipio de Puerto Vallarta, en lo que será la ocasión perfecta para hacer un alto en el camino y replantear el modelo urbano y turístico que más convenga a esta joven sociedad costeña.

No se trata de mirar al pasado con la típica nostalgia del abuelo viejo que se resigna al sinsentido de las cosas porque ya no le quedan fuerzas para hacer nada; sino de plantear un calendario de festejos con el ánimo renovado y optimista de una sociedad joven que puede lograr todo lo que se proponga.

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