Barca sin remos

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Por: Jaime Castillo Copado

¿Dichosos los pobres?

Es una pena que no me vayan a alcanzar las palabras, ni el espacio de la presente para lamentarme -y lamentársela a los tecnócratas del Gobierno Federal- por el reciente anuncio del incremento al precio de la gasolina.

No se trata de tener o no tener un vehículo automotor, sino del encarecimiento en la cadena de productos de primera necesidad que le sigue a cada incremento de esa naturaleza.

Y es que los 13.96 pesos, que por cada litro de gasolina se tienen que devengar a partir del día de hoy, representan un incremento del 4.2%, el mayor en los últimos 18 años, y eso; señoras y señores, no es cosa menor.

Más allá del oscuro panorama en materia de Seguridad que ha marcado de luto a centenares de familias mexicanas en los últimos diez años, lo que sucede en nuestro país es sumamente terrible, porque venimos arrastrando la cobija del dinero desde la década de los 50´s, cuando el peso comenzó una devaluación cíclica en comparación con el precio del dólar, sin que nada ni nadie pueda frenar su descenso por el tobogán de la economía global.
Ya para la década de los 70`s la crisis económica tocó tierra en México para no volver a irse jamás. Para los mexicanos nacidos después de los 80´s ya tampoco es novedad el tener que tragarnos la jeta de los economistas adscritos a la Secretaría de Hacienda, que de cuando en cuando salen de sus lujosas oficinas para restregarnos en la cara la mala nueva de que el precio de los combustibles y la tasa de los impuestos subirán cada vez más.

Para los mexicanos que hoy día tenemos menos de 40 años de edad, quienes tenemos la odiosa necesidad de ganarnos el pan con el sudor de alguna parte del cuerpo, es de encabritarse por lo menos, que los funcionarios no sacrifiquen nada y le carguen al pueblo sus incapacidades con una oleada de incrementos. Y todo por su ineptitud por rescatar la Economía nacional.

Apenas le escribía la semana pasada en este mismo espacio, que de poco vale que el presidente de México, Enrique Peña Nieto salga en cadena nacional para pedir perdón por sus negras intenciones de vivir como Obama en una Casa Blanca, si a nadie le importa algo que no sea tener dinero en la bolsa para pagar el camión o llevar víveres para comer con su familia en casa.

Como dijera la campaña de Bill Clinton para las elecciones estadounidenses allá por la década de los 90´s… es la economía, estúpido.

Cuentagotas
Casualidad eclesial. Vaya ironías, que mientras la gasolina sube y la cuesta de enero en pleno agosto todavía no termina, el Evangelio de la Santa Madre Iglesia para la misa de ayer domingo en las parroquias de nuestro país (Lucas 12,13-21) hiciera referencia precisamente a la Riqueza… bueno, en nuestro caso, a la falta de Riqueza: “Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes”. Plof!

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