Argumentos a favor y en contra del «vientre de alquiler»

Argumentos a favor y en contra del «vientre de alquiler»

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Existen muchas voces favorables a la gestación subrogada y otras tantas que no la aceptan. Estos son sus argumentos

Propuestas a favor
David González, presidente de la Asociación de Padres por la Gestación Subrogada, explica que se trata de una técnica de reproducción asistida que se lleva desarrollando en varios países desde hace más de 30 años, sin que ello haya generado una problemática específica.

Asegura que permite a las parejas que desean tener hijos, y que por múltiples razones no pueden hacerlo por sus propios medios, tener hijos biológicos. «Al igual que donamos órganos, e incluso se donan óvulos, lo cual hoy en día nos parece absolutamente normal, se puede ayudar a otra persona a gestar su hijo, con el que la gestante no mantiene vinculo genético alguno», puntualiza.

Recuerda que al igual que sucedió con la inseminación artificial y la fecundación in vitro (recordemos el término «bebé probeta» que se utilizó entonces) esta técnica «está siendo reconocida cada vez en más países, y en nuestro entorno más cercano lleva desarrollándose desde 2004 en Grecia y en Reino Unido sin mayores problemas ni rechazo por parte de la población».

Según sus datos, las últimas encuestas indican que un 87% de la población española está a favor de la gestación subrogada. «En un momento en que las tasas de natalidad están por debajo del índice adecuado —asegura David González—, fomentar estas técnicas ayuda a aumentar el número de nacimientos. Es un proceso más sencillo que la adopción internacional, que permite a muchos padres serlo, en lugar de quedar incluido en largas listas de espera de las que nunca saldrán».

En contra
Para Mariano Calabuig, presidente del Foro de la Familia, la maternidad subrogada consiste en que una pareja, «no importa su composición o una sola persona, o el número qué sea, contratan a una mujer para que geste durante nueves meses una criatura. Es decir, que se le implante y sobreviva un embrión proveniente de un óvulo fecundado por un espermatozoide cuyos orígenes pueden ser diversos. En el camino, suelen morir varios embriones hasta conseguir que uno sobreviva».

Asegura que en el caso de una pareja mixta, lo más simple es que el óvulo fuese de la mujer y el espermatozoide del varón. El presidente del Foro de la Familia explica que podrían ser muchos los motivos por los que unas personas puedan llegar a decidirse a ser padres por este procedimiento: porque tienen dificultades para quedarse embarazados, porque a la mujer no le apetezca pasar nueve meses embarazadas por las razones que sean, por tratarse de parejas de homosexuales, etc.

Esta práctica «es un desprecio a la dignidad de la mujer al producirse un mercadeo con ella. Por eso se llama a este sistema de reproducción como el de vientres de alquiler».

Ante esta situación, son muchos los argumentos por los que el Foro de la Familia está en contra de la maternidad subrogada:

—El cuerpo de la mujer se convierte en un objeto.

—Se mercantiliza el deseo de ser padres.

—En caso contractual y con un hijo con problemas, se le podría obligar a la mujer que ofrece el útero a desprenderse del hijo. Cómo si ser madre fuese una cuestión banal.

—No se puede garantizar el derecho de la madre gestante a no sufrir las consecuencias psicológicas de un posible aborto.

—Problemas anímicos en la madre después de nueve meses de gestación y tener que desprenderse del niño.

—El niño se convierte, así, en objeto pues se mercantiliza con él, tiene un precio.

Además argumenta que en este proceso se pierden muchas vidas humanas «ya que se implantan varios óvulos fecundados para probar cuál de ellos llega a la implantación en el útero de la mujer y a su posterior desarrollo. Y aún no siendo una cuestión moral en sí misma —matiza—, el pasado mes de diciembre, el Parlamento Europeo aprobó una moción que condenaba los vientres de alquiler. Esta resolución “condena la práctica de la subrogación” ya que “socava la dignidad humana de la mujer” al ser utilizado su cuerpo y sus funciones reproductivas “como una mercancía”», conluye Mariano Calabuig.

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