6 formas efectivas de acabar con la mala digestión

6 formas efectivas de acabar con la mala digestión

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En México, más del 80% de la población sufre de algún problema relacionado con la mala digestión. ¿Cómo sabes que sufres de mala digestión? Pues porque tienes hinchazón del abdomen, malestar estomacal, flatulencias y gases intestinales, diarrea o estreñimiento, todos estos son algunos de los síntomas digestivos más comunes y que para algunas personas parecen normales, pero no lo son.

De todas y cada una de nosotras depende decirle adiós a la mala digestión. Solo tenemos que aprender a escuchar a nuestro organismo y, sobre todo, hacerle caso. Aquí te decimos qué pautas debes aprender para conseguir una buena digestión.

1. Consume frutas y verduras

Suena obvio, pero si no las comes, tu sistema digestivo te pasará factura tarde o temprano. Los productos frescos contienen mucha fibra, agua y nutrientes esenciales que ayudan a mejorar el proceso digestivo. Los expertos recomiendan consumir cinco raciones de fruta y verdura al día; parece mucho, pero es fácil alcanzar esta cantidad si sabes cómo hacerlo.

Aprende a seleccionar verduras como guarnición de tus platillos y a crear ensaladas originales… ¡no solo están elaboradas con lechuga! Elige cada día una variedad diferente de fruta para que no te aburras y, si es posible, compra alimentos de temporada, son más beneficiosos para la salud, son más sabrosos y salen más económicos.

2. Cocina sanamente

La preparación de los alimentos también importa. Recuerda que cuanto menos manipules y condimentes un alimento más nutritivo y saludable será. Antes de freír un alimento, trata de cocinarlo a la plancha, al horno o al vapor, así mantiene sus propiedades nutricionales y es más fácil de digerir. Además, el aporte calórico es más bajo.

Olvídate de capear o empanizar tus platillos y deja a un lado las salsas, así evitarás añadir calorías y grasas adicionales innecesarias.

3. Modera el consumo de sal

Es importante cuidar el consumo de sal porque todos los alimentos ya tienen su contenido natural. Muchas veces, no hace falta agregar más sal a un alimento. De hecho, un consumo excesivo es perjudicial porque favorece enfermedades como la hipertensión arterial. Si necesitas más sabor añade especias como el romero, el tomillo o la albahaca.

4. Elige la versión integral

En pasta, arroz o pan, lo importante es la versión integral. Los alimentos integrales contienen más nutrientes que los refinados del mismo grupo y, además, son ricos en fibra, elemento indispensable para favorecer la digestión y evitar el estreñimiento ya que favorecen el tránsito digestivo. Los expertos recomiendan consumir entre 25 y 30 gramos de fibra al día.

5. Beber, beber y beber

Aproximadamente, el 60% de nuestro peso corporal está compuesto por agua y todas las partes del organismo (células, tejidos, músculos) lo necesitan para funcionar. Por ello, para garantizar el buen funcionamiento de todos los procesos biológicos del cuerpo, particularmente el digestivo, debemos ingerir líquidos de forma abundante y durante todo el día.

¿Cuánto hay que beber? Los expertos recomiendan ingerir como mínimo dos litros de agua al día o lo que es lo mismo de 8 a 10 vasos. Si no eres capaz de beber tanto, ayúdate con trucos sencillos. Por ejemplo, coloca una botella de agua en tu mesa de trabajo para recordar que tienes que beber y acostúmbrate a tomar un vaso de agua nada más levantarte y cuando te vayas a dormir.

6. Prevenir las enfermedades digestivas

Escucha a tu cuerpo. Si tienes síntomas digestivos frecuentes puede ser que padezcas una enfermedad digestiva o una intolerancia alimentaria. En estos casos, es importante diagnosticar la causa cuanto antes para poder iniciar el tratamiento de forma precoz. Las mujeres solemos tener intolerancia, por ejemplo, a la lactosa. Este trastorno es bastante frecuente y se estima que casi la mitad de la población mundial la padece intolerancia, en diferentes grados. Acude al médico ante cualquier síntoma.

Recuerda que somos lo que comemos. Y de nuestros hábitos de alimentación depende nuestro estado físico y anímico y, desde luego, nuestra salud digestiva.

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